Una gallina crió a una serpiente! 
La cuidó, la protegió, la alimentó con su propio esfuerzo… y terminó pagando con traición.
Sí, así como lo oyes.
Una gallina buena, noble, de esas que ayudan sin preguntar, encontró a una serpiente bebé herida y abandonada. Era pequeña, frágil, casi moribunda. En vez de aplastarla como todos esperaban, la levantó. La llevó a su nido. La puso junto a sus pollitos. La calentó con sus alas. La alimentó cuando ni siquiera tenía suficiente para ella.
Los demás animales le advirtieron: no olvides que es una serpiente.
Pero la gallina respondió: si la crío con amor, aprenderá a amar.
Y ahí estuvo el error.
Porque uno puede dar cariño… pero no puede cambiar la naturaleza de quien no tiene gratitud en el corazón.
La serpiente creció. Se hizo fuerte. Sus colmillos se afilaron. Sus ojos dejaron de verse débiles y comenzaron a brillar con frialdad. Ya no necesitaba protección. Ya no necesitaba ayuda.
Y cuando la gallina, confiada, se inclinó para acomodarla como tantas veces… la serpiente atacó.
Un mordisco. Seco. Sin aviso. Sin remordimiento.
La gallina, agonizando, apenas alcanzó a preguntar: ¿por qué me haces esto, después de todo lo que hice por ti?
Y la serpiente respondió: porque sigo siendo serpiente.
Y esa es la parte que muchos no quieren entender.
A veces uno ayuda por ser bueno. Por tener corazón. Por no saber darle la espalda al que sufre. Uno comparte lo poco que tiene, defiende al que todos atacan, confía, abre su casa, abre su vida… 
Y muchas veces lo que recibe es ingratitud.
Hay personas que mientras están abajo lloran, prometen, agradecen… pero cuando se levantan, se olvidan de quién los sostuvo. Y no solo se olvidan; muerden.
Pero el karma no se equivoca. 

El malagradecido siempre termina solo. Porque quien traiciona al que lo ayudó demuestra lo que es capaz de hacerle a cualquiera. Y tarde o temprano nadie confía en alguien así.
La lección es clara: ayuda, sí; pero no entregues tu nido a cualquiera. No todo el que parece indefenso es bueno. Y no todo el que pide ayuda merece que le des tu corazón.
Porque criar serpientes por lástima puede costarte la vida.
curiositita Azul
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