Diccionario de la Lengua Española – ODIO:
Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.
Wikipedia – ODIO:
El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión,
enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el
deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo.
El odio se
describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad. El odio
puede generar aversión, sentimientos de destrucción, destrucción del
equilibrio armónico y ocasionalmente autodestrucción, aunque la mayoría
de las personas puede odiar eventualmente a algo o alguien y no
necesariamente experimentar estos efectos.
El odio no es
justificable desde el punto de vista racional porque atenta contra la
posibilidad de diálogo y construcción común. Es posible que las personas
sientan cierta aversión sobre personas u organizaciones, incluso
ciertas tendencias ideológicas.
El odio es una intensa sensación de
desagrado. Se puede presentar en una amplia variedad de contextos, desde
el odio de los objetos inanimados o animales, al odio de uno mismo u
otras personas, grupos enteros de personas, la gente en general, la
existencia, la sociedad, o todo. Aunque no siempre, el odio a menudo se
asocia con sentimientos de enojo.
En mi opinión, el odio es un sentimiento absurdo y autoagresivo que produce al que odia peores efectos que al odiado.
En la mayoría de las ocasiones el que odia vive en un estado inquieto,
desagradable, de sufrimiento y tensión, mientras que el odiado ni
siquiera es consciente de que es odiado y, en la mayoría de los casos
vive tranquilamente y ni siquiera se preocupa por ello.
Odiar a
alguien –decía un sabio- es como tomarse un veneno con la intención de
que le haga efecto al otro: es uno mismo el perjudicado. Paradójico,
irrazonable, disparatado, incongruente, erróneo, contradictorio.
Odiar no resuelve nada. Más bien al contrario.
Es conveniente –por la propia paz personal- aprender a comprender al
otro, aceptar su humanidad -que le hace errar o tener malas
intenciones-, entender y admitir que lo que ha hecho puede ser parte de
su proceso de evolución y aprendizaje -aunque en esta ocasión nos haya
tocado hacer el papel de víctimas-, dar permiso a los otros para que se
equivoquen, y desdramatizar las cosas no tomándoselas como algo personal
aunque aparenten del todo ser “algo personal”.
“Desear el mal a
alguien”. Eso es odiar. Desde un punto de vista cristiano es reprobable
del todo y hasta está prohibido y penado. Desde el punto de vista de la
bondad humana tampoco está bien. Pero es una decisión personal qué hacer
con los sentimientos y cómo canalizarlos.
He pasado revista de
todas las personas con las que he tenido alguna relación a lo largo de
mi vida, que han sido muchísimas, y he podido comprobar –con alegría-
que nunca he odiado a nadie. Sí es cierto que he podido estar enfadado
con alguien o que hay personas que no me gustan e incluso que me han
hecho daño, pero no las odio.
¿Para qué?, ¿Qué adelanto con ello?, ¿Qué me aporta de bueno?, ¿Qué sentido tiene?
Supongo que es posible que me cuestionara esto de otro modo si hubiera
pasado por una experiencia traumática en mi vida (por ejemplo, una
violación o haber sido víctima de violencia continuada), pero a pesar de
pasar por alguna de esas experiencias, y desde mi estado actual de
conciencia, supongo que sabría comprender, entender que el otro –el
odiado- tal vez sea más otra víctima que un verdugo.
Sé, eso sí,
que acabaría llegando a la misma conclusión: que persistir en un estado
del que yo soy la principal víctima, y la más sufriente, es una decisión
inútil y perjudicial.
Volvería a preguntarme: ¿Para qué?, ¿Qué adelanto con ello?, ¿Qué me aporta de bueno?, ¿Qué sentido tiene?
Y si eres de los que odian a alguien, te sugiero que te hagas las mismas preguntas.
Te dejo con tus reflexiones…
“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)
Francisco de Sales
viernes, 3 de abril de 2026
LOS SABIOS NO ODIIAN (Por Emma Fernandez)
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