Esta es una hermosa frase para describir una actitud de vida muy
preciada por todos los que intentamos día a día trabajar en la
disciplina del autoconocimiento.
El problema radica en que los
hombres tenemos muchas cosas guardadas en nuestra memoria, pero no la
del corazón, sino la situada en el cerebro, allí hay dolores, enojos,
frustraciones, por eso, llegar a conciliar ambas implica un gran
desafío.
Cada vez que nos sentimos lastimados por el medio que
nos rodea, nuestro corazón se cierra, como una forma de autoprotegerse y
es en ese preciso momento, cuando sin quererlo, nos estamos quitando la
vida, porque anulamos una de las funciones más importante que posee,
la de “abriese sin medida ni condición”.
Cuando nuestra memoria
ha elegido guardar sólo lo triste del pasado, esconder o negar los
buenos momentos vividos, nos queda muy poco material para construir un
próspero presente. Pasamos a convertimos en seres agonizantes cuyos
pensamientos y acciones equivocadas van creando una realidad paralela,
que reafirma y eterniza ese malestar.
La tarea consiste entonces
en desprenderse de los recuerdos acumulados en nuestro cerebro emocional
y así brindarle una oportunidad al olvidado corazón. Proponiéndonos
albergar en él sólo lo digno de ser recordado, lo que nos engrandezca a
nosotros y a los seres que caminan a nuestro lado.
El
agradecimiento es una clara manifestación de un corazón activo, uno que
late y en su movimiento va enseñándonos a valorar cada detalle, cada
palabra, cada caricia, cada momento compartido, cada nuevo despertar.
Un corazón que se detiene siempre a mirar a su alrededor y a concienciar
lo bien que está en relación a otros tantos seres. Y que no se
contenta sólo con ver esto sino que busca brindar su ayuda y
fundamentalmente agradecer por el “simple” hecho de estar vivo y poder
marcar una diferencia.
miércoles, 1 de abril de 2026
EL AGRADECIMIENTO ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN (Por Jean Jacques)
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