No se trata de atacar creencias ni de burlarse de quien siente algo genuino. Se trata de ir más allá de lo que nos enseñaron como única verdad. Porque una cosa es el mensaje… y otra muy distinta es lo que hicieron con él.
La
llamada “Semana Santa” no es solo una tradición espiritual. Es también
una narrativa que fue editada, intervenida y acomodada a lo largo del
tiempo. No solo por fe, sino por intereses de toda índole: políticos,
territoriales, ideológicos, de control. Intereses que no buscaban que el
mensaje llegara limpio, directo, vivo, sino útil. Útil para ordenar
masas, dirigir conductas y alinear pensamientos según conveniencia....
Y
ahí es donde todo empieza a distorsionarse. Dicen que el mensaje era
amor, pero lo convirtieron en culpa. Dicen que era liberación, pero lo
transformaron en obediencia. Dicen que era despertar, pero lo redujeron a
ritual. Te enseñaron a mirar hacia afuera, a esperar, a depender, a
sentirte pequeño frente a algo que supuestamente venía a salvarte. Y en
ese proceso, el mensaje original ,si es que alguna vez fue claro ,quedó
cubierto, no porque se perdió, sino porque fue tapado por capas de
interpretación diseñadas para que creas, pero no para que comprendas;
para que sigas, pero no para que encarnes.
Porque
no era conveniente que entiendas, era más útil que repitas. La cruz
dejó de ser un símbolo para comprender procesos internos y pasó a ser un
recordatorio constante de sufrimiento. La muerte dejó de ser
transformación y se volvió miedo. La resurrección dejó de ser
posibilidad y se convirtió en un evento único, lejano, inalcanzable. Así
funciona la manipulación: toma algo profundo, lo simplifica, lo adapta y
lo convierte en herramienta. Herramienta para dirigir emociones, para
generar culpa, para evitar que cuestiones. Porque una mente culpable no
investiga, solo obedece.
Pero
hay algo que no pudieron tocar del todo...el Espíritu. No el alma
condicionada, no la emoción guiada, no la mente programada. El espíritu
no responde a la culpa, no necesita intermediarios, no se arrodilla ante
narrativas. El espíritu reconoce, discierne, no repite… recuerda. Y
cuando eso empieza a activarse, la estructura ya no encaja igual. Ya no
necesitas que te expliquen qué sentir, ni que te digan qué creer, ni que
te prometan salvación, porque entiendes que nunca se trató de que
alguien viniera a salvarte, sino de que dejaras de olvidar lo que eres.
Entonces
la pregunta ya no es si la historia es real o no, sino qué parte de
todo esto fue diseñada para que nunca llegues a ti. No necesitas
rechazar la Semana Santa ni aceptarla ciegamente, necesitas verla sin el
filtro que te impusieron. Porque tal vez el problema no es lo que
ocurrió, sino lo que hicieron con eso.Y entender algo claro: mientras la
narrativa te mantenga mirando hacia afuera, repitiendo culpa,
sosteniendo miedo y esperando redención, el espíritu queda en segundo
plano. Y eso no fue un error, fue el objetivo. Porque un ser
desconectado de su espíritu es fácil de guiar, de dividir y de
controlar. Pero un ser que recuerda ya no entra en ese juego.
O
sigues repitiendo la historia que te dieron, o empiezas a recuperar lo
que nunca debiste entregar: tu conexión con el espíritu !!!!
Juliett Gutierrez
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