Llegar a la adultez no significa saberlo todo. Al contrario, las personas más sabias son aquellas que siguen escuchando consejos, aceptan sus errores y están dispuestas a aprender cada día. Cuando alguien deja de aceptar cualquier corrección, corre el riesgo de cerrar la puerta al crecimiento y a las enseñanzas que la vida pone en su camino. 

Los padres no son perfectos, pero muchas de sus palabras nacen de la experiencia, de las caídas que ya vivieron y del amor que sienten por sus hijos. Ignorar todo consejo solo porque viene de ellos puede llevar a repetir errores que pudieron evitarse. 

La humildad para escuchar no nos hace débiles; nos hace más fuertes y más sabios. Porque quien cree que ya no necesita orientación, poco a poco puede perder el rumbo sin darse cuenta.
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