En mi opinión, la experiencia de la mayoría de las vidas de la
mayoría de las personas confirman esto: Hay cosas que son inevitables.
Hay situaciones o experiencias contra las que no podemos hacer nada,
salvo vivirlas. O sufrirlas. O intentar vanamente evitarlas. Pero son
inevitables.
Desde un punto de
vida esotérico o espiritual, son pruebas que tenemos que pasar por causa
de nuestro karma o porque van a aportar algo a nuestro Crecimiento
Personal.
Y sólo desde ese punto de vista se les encuentra
explicación, porque si no es así a uno sólo le queda la opción de
sentirse víctima inocente de una injusticia divina.
¿Por qué a mí?, ¿Por qué yo?
Uno se autoproclama bueno o inocente, mientras es capaz de encontrar
otras personas maleantes a quienes sí les sería justo esa misma
desagradable experiencia como un castigo en forma de escarmiento
doliente.
Conviene tener paciencia con ese tipo de situaciones, y
vivirlas del mejor modo posible, y muy atentos, porque, sin duda, nos
están enseñando algo que, si no aprovechamos la oportunidad, se repetirá
una y otra vez, y en cada ocasión siguiente será de un modo más duro.
Hay que aprender a dejarse fluir, a no oponerse, a confiar en la vida y
dejar que ella se ocupe de algunas cosas. A tener paciencia y una
confianza inquebrantable en “algo” que siempre nos va a cuidar y no va a
permitir que nos hundamos del todo.
Conviene saber que hay cosas
que tienen que suceder, o que van a suceder, y es conveniente saber
identificar claramente las cosas, para decidir si las aceptamos con
confianza y sin oposición, si nos enfrentamos rotundamente, si perdemos
el tiempo negándolas, o qué hacer con ellas.
Una vez que lo que
nos está pasando es identificado, y si comprobamos que es de esas cosas
inevitables, es mejor no oponerse y zambullirse en ello a conciencia,
con la tranquilidad absoluta de que vamos a salir indemnes de ello y
reforzados. Será una situación pasajera en el tiempo.
Oponerse no aporta nada positivo, lo único que consigue es hacernos sentir mal, y sufrir en la lucha.
Conviene reflexionar sobre aquello de “Hágase en mí tu voluntad y no la
mía.” Y comprobar qué es lo que uno siente cuando se aplica la frase a
sí mismo.
Quizás uno llegue a la conclusión de que es mejor
colaborar con lo inevitable en vez de empeñarse en gastar las energías
en la oposición infructuosa.
“Que sea lo que Dios quiera”, pero no con un aire de rendición o derrota, sino de confianza y deseos de colaboración.
Va a suceder y estará bien que suceda (aunque no se comprenda del todo
de momento), así que es mejor colaborar y aprovechar la experiencia.
Así como se dice que “conviene nadar a favor de la corriente”, también conviene colaborar con lo inevitable.
Te dejo con tus reflexiones…
jueves, 17 de agosto de 2023
COLABORAR CON LO INEVITABLE (Por Emma Fernandez)
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