Como siempre que tratamos de definir algo de la forma más estándar
posible, nos solemos acercar al diccionario. En este caso, el
Diccionario de la lengua española dice que la humildad equivale a tener
la virtud de ser conscientes de las debilidades y limitaciones propias.
Según esto, ser humilde se opone al orgullo vanidoso que va más allá
del que tiene que ver con el amor propio y la dignidad individual.
Contaba una fabula famosa que había una vez una rana presumida que
rechazó con mucha soberbia a un sapo por considerarlo «poco» para ella.
Contaba también que más tarde la rana necesitó de la ayuda del sapo y
que, con humildad, se vio obligada a pedirle perdón y a asumir que ella
no era más que cualquier otro anfibio. Lo que le ocurrió a la famosa
rana de esta fábula es lo que les ocurre a muchas personas, o lo que
puede pasarnos a todos en algún momento determinado de nuestras vidas.
Además, están tan acostumbradas a que su actitud sea consentida que no
se molestan en disimularla. En el momento en el que la rana de nuestra
fábula decide rechazar al sapo, lo hace porque lo considera feo, pero
empleando una actitud arrogante de superioridad. En este sentido, el
comportamiento prepotente y la superioridad moral no definen a las
personas humildes. Se trata de entender quiénes somos sin la necesidad
de recordárselo al resto en forma de logros y éxitos.
«Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría.» -Salomón-
La humildad, es en la misma medida, una cualidad y un comportamiento
que nos sitúa ante los demás, por lo que podemos decir que la humildad
se puede practicar en cualquier acción que tomemos. Por ejemplo, lo
hacemos en estas situaciones:
Descubriéndonos a nosotros mismos:
comprendiendo que todos tenemos nuestras experiencias y circunstancias y
dando por hecho que no podemos juzgar el camino de los demás sin
habernos puesto sus zapatos.
Admitiendo nuestras equivocaciones y
aprendiendo a pedir perdón cuando sea oportuno: esta quizá sea una de
las actitudes que más nos cueste asumir porque nos pone de cara a
nosotros mismos. Por esa razón, saber perdonar y aprender de los errores
nos hace humildes.
Valorando las limitaciones y las libertades
que tenemos: somos libres para decidir, para tomar direcciones hacia un
futuro u otro, pero dentro de unas limitaciones. Saber cuáles son los
defectos que nos frenan nos ayudará a superarlos humildemente.
«El que con perspicacia reconoce la limitación de sus facultades, está muy cerca de llegar a la perfección» -J. W. von Goethe-
Reconociendo que vivimos en una sociedad y que como tal la integran
personas de diversa formación, con mayor o menor edad, más constantes,
etc. Con el respeto de unos hacia otros, teniendo en cuenta esas
particularidades se puede seguir siendo humilde.
Elogiando las
virtudes de los demás de una forma sincera: dice mucho de lo que somos,
el ser capaces de reconocer las virtudes de los que nos rodean tanto
como lo hacemos con las nuestras. No es una forma hipócrita de
acercarnos a otros, sino de hacer saber que todos tenemos un valor
preciado, ya sea descubierto o por descubrir.
Teniendo en cuenta
todo lo dicho, la humildad tiene tanto valor que aquel que la consigue
recordará siempre como mantenerla, porque habrá sabido encontrar armonía
y paz interior. Además, habrá sabido alejarse de la vanidad y del apego
material a las cosas.
La mariposa siempre recordará que fue
gusano porque sabe que puede caerse en algún momento del vuelo y,
entonces, entenderá que no es lo mismo ser humilde que tener una baja
autoestima. La humildad desbordada es muy bonita, siempre que sepamos
cuáles son los límites a los que hay que llegar, porque de lo contrario
podemos hacernos daño.
La humildad logra que nos perfeccionemos,
que sean amables y fraternales con nosotros, que encontremos a gente
auténtica que nos quiera de verdad, que valoremos el esfuerzo por
conseguir lo que nos hace felices, que huyamos del ego.
«Un
hombre debe ser lo suficientemente grande como para admitir sus errores,
lo suficientemente inteligente como para aprovecharlos y lo
suficientemente fuerte para corregirlos». -Khalil Gibran-
Una
persona humilde, verdaderamente humilde, tiene que ser alguien muy
sabio. Debe de haber aprendido secretos importantísimos sobre el
funcionamiento de la vida. De hecho sabiduría y humildad suelen ir
siempre de la mano. No puede ser de otra forma. Allá donde usted
encuentre soberbia significa que existe a su disposición todo un tesoro
en ignorancia. Cualquier vía espiritual que se precie de serlo debería
llevarle directamente ahí, a la humildad verdadera.
Una persona
sabia no es humilde porque lo dicta una ley milenaria, porque lo haya
ordenado una divinidad, o porque sea lo más conveniente a nivel ético y
moral. La humildad nace de su cordura y coherencia más absoluta al saber
cómo funcionan las cosas.
Además el sabio comprende que no somos
inmortales. La impermanencia existe en todos y en todo. Nos une como un
lazo común, por lo que experimenta sus deseos y apegos de forma mucho
más realista. Sabe que el tiempo es inexorable e indeterminado, así que
no malgasta su aliento en iras, enfados, intrigas, críticas o juicios
chismosos e infundados.
Tiene una tendencia natural a la gratitud
universal. Si pretende aumentar un poco la verdadera humildad en su
vida cotidiana, debería comenzar por este punto. En todo momento y en
todo lugar siéntase agradecido por los dones de que disfruta. Lo normal
es que esté habituado a fijar la atención en aquello que le falta…
¡grave error!
Fijarse en lo que le falta solo puede llevarle a
situaciones de dolor espiritual, deseos no realizados, e incluso
imposibles, y estados mentales muy negativos como al ira o la depresión.
Levántese por la mañana, un momento del día excelente para comenzar su
práctica, y agradezca cada cosa en donde se posen sus ojos: su cuerpo
por su belleza y la salud de la que disfruta (aunque no sea completa).
Su habitación por ser confortable y abrigarle durante las noches
heladas. Si tiene pareja agradezca su compañía, su amistad y su amor.
La gratitud nos ofrece una buena perspectiva para fundamentar una verdadera humildad.
Como si el universo entero conspirase para que cada acto sucediese en un determinado momento.
Es una sabiduría llena de hermosura y frescor. Agradecer con humildad,
llenarse de sabiduría y dejar que el universo nazca a través nuestro.
lunes, 28 de agosto de 2023
HUMILDAD (Por Lourdes Eliana)
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