El pensamiento acelerado es la enfermedad del siglo XXI. Es una ansiedad producida por el exceso de información, preocupaciones excesivas y obligaciones sociales que pueden acelerar la mente a una velocidad vertiginosa. Nuestro cerebro se ha convertido a una especie de trituradora de información. El funcionamiento es algo parecido al de muchas redes sociales como Facebook en las que abrimos un montón de ventanas y enlaces para acceder a información sin profundizar en ninguna, lo que nos impide concentrarnos y nos vuelve ansiosos. Hay tal ansiedad por hacerlo todo deprisa que las personas se alteran por cosas tan normales como comer, esperar en la cola del supermercado, echar gasolina o dar un simple paseo. Pasamos todo el día pegados al móvil y a los chismes digitales, y cuando no estamos pegados a la pantalla del móvil, estamos chateando o navegando por internet... Vivimos tan rápido como nuestras cabezas y queremos que el mundo y los demás vayan tan rápido como nosotros. Lo pensamos todo y lo racionalizamos todo. No nos permitimos sentir. Por eso hay tantos casos de infartos cerebrales, ansiedad, estrés, depresión y enfermedades mentales. No sabemos dejar de pensar.
No es el mundo el que te estresa, eres tú el que te estresas.
Te estresas tú solito. No necesitas a nadie para estresarte. Tú mismo llevas el estrés contigo. Es tu cabeza. Tu cabeza te estresa. Quieres hacer tantas cosas, ver tantas cosas, sentir tantas cosas y pensar tantas cosas a la vez, que al final no haces nada con plena atención ni consciencia. No vives el momento presente. Solo vives información. Tu cabeza parece una pantalla publicitaria donde constantemente pasan pensamientos que te arrastran aquí y allá, que te dominan, te obligan y te fuerzan a actuar de una determinada manera. Eres inconsciente. No haces las cosas con consciencia. Simplemente reaccionas a los pensamientos y emociones que surgen en tu cabeza. Y al final, te estresas por pensar demasiado deprisa. Entras en el síndrome del pensamiento acelerado.
Dominar nuestra mente y detener el flujo de pensamientos se ha convertido no solo en algo necesario para nuestra salud, sino en una cuestión de supervivencia. Los pensamientos y las emociones pueden no solo enfermarnos, también matarnos, literalmente nos devoran por dentro. La mayoría de las enfermedades modernas son ocasionadas por el exceso de pensamientos y la somatización de éstos. Aprender a meditar y entrar en el vacío puede ser un salvavidas para el hombre moderno. El Mindfullnes, la meditación y otras técnicas orientales y modernas para detener la oleada de pensamientos pueden ser magníficas herramientas para tener una buena salud mental y encontrar el botón para apagar la mente.
No se trata de pensar despacio, se trata de ir más allá de la mente.
El problema de la meditación es que hace hincapié en el control mental, y aunque es cierto que disminuye el flujo de pensamientos, te mantiene atrapado en la mente. No se trata de dejar la mente en blanco, ni de pensar despacito, ni de visualizar que estás en el paraíso, sino de ir más allá del pensamiento.
Ve más allá de la mente. Al espacio vacío de tu ser.
En el mundillo de la espiritualidad todos hacen hincapié en elevar la vibración y aumentar la frecuencia energética, pero si elevas la vibración sin salir de la cabeza es como subir la corriente a una batidora ¡se puede quemar!
La alta vibración no te va a llevar a tu ser, la alta vibracion es una consecuencia de tu ser.
No se trata solo de pensar despacito, de detener el flujo de los pensamientos y dejar la mente en blanco. Se trata de ir más allá de la mente y de ver pasar las nubes por el cielo sin obsesionarte con ellas.
Cuando te conviertas en un observador de ti mismo,
cuando dejes crecer la hierba,
pasar las nubes y aclararse el vaso,
descubrirás algo que está por encima de la ansiedad y de la meditación,
descubrirás el verdadero silencio interior y la paz internas que surgen del contacto con tu verdadero ser.
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