Es preferible darle siempre una meta al trabajo espiritual. Entonces, díganse: «Medito, oro por la realización de tal o cual cosa». Sí, indiquen la razón, a fin de que las fuerzas que proyectan no se pierdan saliendo en todas las direcciones, sino sean orientadas hacia un punto preciso. De este modo, poco a poco se volverán amos de su pensamiento. El pensamiento es muy difícil de domar, de dominar, es como un caballo salvaje. En muchos libros hindúes se lee que los yoguis se quejan: «¡Oh Indra, cuán difícil es dominar el pensamiento!, tanto como tratar de hacer una cuerda con arena o atar el viento». Pero ejercitándose todos los días y dándole una meta, uno termina por hacer que el pensamiento sea dócil y sobre todo activo.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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