Viene de la 1ª parte. Es
imprescindible y coherente que la forma de actuar de la persona este en
concordancia con su edad y etapa, cuando somos niños, hemos de comportarnos y
actuar como niños, con esos márgenes de “más-menos, según condición y
peculiaridades de cada uno, un niño se hace “pipi” y “caca” y lo consideramos
normal, a un niño no se le pueden exigir grandes responsabilidades, si en una
rabieta hace un estropicio, cuenta con un atenuante, y a veces ni se le tiene en
cuenta, no debiera realizar trabajos pesados ni de gran responsabilidad, para
un niño la vida es como un juego, siempre intenta hacer lo que le apetece y no
tiene creado el concepto del deber, la responsabilidad, la obligación, etc., y
su escala de valores y prioridades obedece a la necesidad, deseo o capricho del
momento.
Existe un
perfil de personas que utilizan su astucia e ingenio, para hacer lo que le
viene en gana a pesar de su edad, evadir responsabilidades y tareas pesadas y
poco agradables, intentan conseguir todo lo que se proponen, y si se las
niegan, utilizan medios de presión parecidos a los niños, cogiendo la rabieta, se
enfadan y niegan el habla, lloran, se niegan a comer, y pueden llegar incluso a
la auto-lesión, etc. son medios de presión que se utilizan en la etapa infantil
para obligar a nuestros padres o educadores a ceder ante nuestras peticiones y exigencias.
Las
personas que ya han pasado de los veinte, de los treinta y cuarenta, y siguen
con este tipo de conducta, cada día se reafirman en su auto-convencimiento de
que son frescos y espontáneos como niños angelicales, y lo mejor de lo mejor,
pero la realidad es muy diferente, a la hora de exigir, reclaman y defienden
con uñas y dientes todos los derechos del adulto, pero a la hora de las
responsabilidades, las obligaciones y de los muchos retos y sacrificios que la propia
vida impone a los adultos, en ese caso se siente como un niño y no quiere saber
nada, y si se le llama la atención, vuelven a reclamar el derecho que le
concede la libertad del adulto para seguir haciendo lo que le venga en gana, yo en mi
caminar por la vida he conocido a personas con este perfil y al final terminan
en soledad porque ese tipo de conducta para nadie de los que le rodean es
agradable, y antes o después, todos huimos de ese tipo de situaciones.
Nuestras
actuaciones deben de ir en concordancia con nuestra edad y etapa, cuando somos
niños hemos de actuar mayoritariamente como niños, pero poquito a poco debemos
empezar a ir haciendo prácticas de adolescente, porque los cambios de etapa son
paulatinos y no se producen de un día para otro, el adolescente empezará, poco
a poco, a ir adentrándose en el mundo del adulto, y así sucesivamente, pero
como hemos dicho antes, intentemos actuar en cada etapa según nuestra realidad,
haciendo uso de los márgenes de flexibilidad que la naturaleza nos concede.
Al hablar
de los márgenes, me refiero, a que siendo niño, en ocasiones puntuales puedo
sentirme adolescente e incluso adulto, en alguna ocasión hemos dicho o oído
decir, “ese niño a veces tiene cosas de adulto o persona mayor”, o “esa persona
a pesar de su edad, a veces parece un niño”, es a eso a lo que me refiero
cuando hablo de los márgenes, hay circunstancias y situaciones en las que
siendo adulto e incluso anciano, hay que dejar actuar a nuestro niño interior
porque es el mas idóneo para hacer frente a las mismas.
En alguna
ocasión hemos comentado que todo puede ser bueno o malo dependiendo de cómo y
de qué forma se utilice, me refiero a que para todo existe el círculo o formas correctas de aplicación, dentro de
esos parámetros, todo puede ser bueno, fuera del uso correcto para el cual fue
creado, todo puede ser perjudicial.
Solíamos
poner el ejemplo del agua, que es imprescindible para la vida, pero si viene
una riada y nos arrastra con la casa y todas nuestras cosas, ya pasa a ser
mala, porque se ha salido de su círculo correcto y conveniente de aplicación, y
al igual que con el agua ocurre con todo, por muy bueno y necesario que sea,
fuera de su círculo y normas de utilización, puede ser nefasto.
Como
hemos dicho antes, en la persona existen muchos personajes y todos pueden
aportar beneficios para el conjunto, pero dentro de un orden que determine lo
más favorable y conveniente para cada caso.
En cada
familia debe de existir un orden de jerarquía, mando y responsabilidad, dentro
de ese orden debe de haber un máximo responsable del conjunto, y como máximo responsable también es el que
determina y dirige las actuaciones y determinaciones mas relevante e
importantes del conjunto, en el caso de las parejas o matrimonios puede o debe ser compartido.
En la
persona debe de ocurrir un tanto igual, se necesita alguien que coja el cargo
de rector y director de todos los actos que la persona realiza, ese cargo le
corresponde a nuestro Ser (alma y espíritu) que en todo momento intenta llevar a cabo su
labor, comunicándonos sus indicaciones a través de la voz de nuestra
conciencia, y he aquí lo curioso del asunto, que la voz de nuestra conciencia en
la niñez apenas si la escuchamos, y en el caso de que la lleguemos a oír, es
posible que no la obedezcamos, y sigamos con nuestros proyectos.
Cuando dejamos
libertad a nuestro niño interior para que actúe a sus anchas, sin vigilancia y
control del adulto o maduro, la voz de nuestra conciencia pierde volumen y
nitidez, y es posible de que no nos enteremos de sus indicaciones en muchas
ocasiones, porque hay un refrán que dice: “no hay peor sordo que el que no le
interesa oír”, a nuestro niño interior, como cualquier otro niño, las
cuestiones de responsabilidad, sacrificio, privaciones, obligaciones, etc., no
es la música que mas le gusta oír, y puede que le de el cambiazo por cualquier
otro sonido mas de acorde con sus gustos y necesidades de su época, por eso,
una vez mas advierto, ¡ojo al dato con el niño! Que para nada se pueden dejar
solos y sin vigilancia y ejercicio de control. Continúa en la 3ª parte saludos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario