Viene de la 3ª Parte. Conocí un caso que aporta información muy interesante e instructiva, se trata de un
hombre de cincuenta y cuatro años, era el más joven de los hermanos, y su madre
quedó viuda siendo él muy pequeño, es de pensar que el vacío y soledad de la
viudez la compensó volcándose en cariño y atenciones hacia su hijo pequeño.
Pero en estos casos, la propia madre en el fondo no desea que su hijo madure y vuele del hogar materno, y sigue
solucionándole todo lo posible y lo imposible para que se encuentre cómodo y a
gusto y no tenga necesidad ni deseos de salir del entorno familiar, esto puede
parecer amor de madre, pero en realidad es error de madre, porque por lógica
que esa persona al no madurar en su época, queda desfasada y cuando le falten
sus padres queda como el cojo que le quitan las muletas, incapaz de caminar por
sí solo con soltura y seguridad.
El caso al que me refiero el hombre está con tratamiento
antidepresivo desde que le faltó su
madre, y es incapaz de integrarse a la sociedad porque su pensar, su sentir y
su actuar, es el de un niño a pesar de su edad, no maduró cuando era el momento
y época, y ahora le cuesta lo indecible y es posible que no lo consiga.
En cada
etapa de la vida, al igual que en cada curso escolar, hay que conseguir unos
objetivos, aprobar la etapa o el curso, y pasar al siguiente, de lo contrario
es como un mozo de quince años en clase de párvulos.
Voy a
cerrar este escrito invitando a quien lo lea, a que ame, cuide, alimente,
proteja y eduque a su niño interior, y por igual al adolescente, adulto,
maduro, vejete, anciano, al carrocilla y a alguno más si es que lo hay, todos
contribuyen a que nos sintamos completos, al igual que nos ocurre con nuestros
cinco sentidos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, con sólo uno que nos falte,
la vida ya no es lo mismo, los miembros de nuestro cuerpo, con solo uno que nos
falte, perdemos calidad de vida y posibilidades, por eso hemos de cuidar todo
con esmero y por igual.
Existe un
cuento que lo he oído contar algunas veces, y se trata de que iban a celebrar
una fiesta, y querían que acudieran todo tipo de personajes, y el organizador
fue a invitar al diablo a que asistiera, y el diablo en vez de aceptar,
preguntó: ¿Es que no asisten niños a esa fiesta? el organizador contestó que
si, Pues ya tengo a quien me represente, y no es necesaria mi presencia.
¡Ojo al
gato con los niños, que a veces son peores que el diablo!, pero son los que nos traen lo fresco y espontáneo, y los que dan
continuidad a la propia vida y hay que quererlos y tratarlos lo mejor que
seamos capaces, pero sin pasarse, como el arroz, en su punto, si se pasa parece
papilla.
Y
ahora repito lo de siempre que
resulta redundante, pero necesario, y se trata de que todo lo que
conforma este
escrito solo son, por un lado mis ideas, y por
otro
lado las historias que me invento para explicarlo y hacerlo medianamente
entendible para el mayor numero de personas posible, un saludo y hasta
la próxima.
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