*Aprendo a dialogar, renuncio a discutir.*
Discutir significa sacudir y separar. ¿Qué debo sacudir y separar en el otro ser con mis palabras? Lo evalúo serena y conscientemente.
La palabra tiene un poder radioactivo inmenso que perdura en el tiempo. También se ha dicho que la palabra lanzada es como la piedra que jamás regresa, y que la lengua es como el pequeño timón del gran barco que encausa y marca el rumbo. Por lo tanto, cuando es necesario, oprimo el botón de pausa y silencio, y mantengo en poder mis palabras. Aprendo a callar y escuchar. ¿A dónde llegaré discutiendo, sacudiendo, separando? ¿Tengo certeza completa de tener la verdad y el rumbo exacto perfecto?
Aprendo a callar, escuchar, dialogar. Renuncio a discutir estérilmente. Cuando dos gritan sin oírse, a dónde se llega por más que se pretenda imponer puntos de vista y hacer cambiar de parecer? El cambio proviene del interior de cada ser, en la medida que comprende y se da cuenta, por lo tanto ruego al espíritu de sabiduría en mi, que guíe mis palabras, si considero que debo hablar y decir algo mejor que el silencio.
Antes de que los ánimos se enardezcan, oprimo el botón de pausa y silencio.
Mi mejor discurso son mis hechos.
Aprendo a dialogar, renuncio a sacudir y separar, a menos que mi sabiduría superior me guíe claramente. Evalúo en serenidad antes de hablar.
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