lunes, 21 de octubre de 2024

PARENTECO CORPORAL Y PARENTESCO ESPIRITUAL (Por Angeles Calatayud)

 

Los lazos de la sangre no establecen necesariamente los lazos entre los espíritus. El cuerpo procede del cuerpo, pero el espíritu no procede del espíritu, porque éste existía antes de la formación del cuerpo; los padres no son los que crean el espíritu de su hijo, pues no hacen más que darle una envoltura corporal; pero deben procurar su desarrollo intelectual y moral para hacerlo progresar.
*Los espíritus que se encarnan en una misma familia, sobre todo entre próximos parientes, muchas veces son espíritus simpáticos unidos por relaciones anteriores, que se manifiestan por su afecto durante la vida terrestre. Pero puede suceder también que estos espíritus sean completamente extraños unos de otros, divididos por antipatías igualmente anteriores, y que igualmente se traducen por su antagonismo en la tierra para servirles de prueba.
*Los verdaderos lazos de la familia no son, pues, los de la consanguinidad, sino los de la simpatía y de la comunión de pensamientos que unen a los espíritus "antes, durante y después" de su reencarnación. De donde se sigue que dos seres de padres diferentes, pueden ser más hermanos por el espíritu que si lo fueran por la sangre; pueden atraerse, buscarse, gozar juntos. Mientras que dos hermanos consanguíneos pueden rechazarse, como se ve todos los días; problema moral que sólo el Espiritismo podía resolver por la pluralidad de las existencias. (Cap. IV, nº 13)
* Hay, pues, dos clases de familia: "las familias unidas por lazos espirituales y las familias por lazos corporales"; las primeras,
(unidas por lazos espirituales), son duraderas, se fortifican por la purificación y se perpetúan en el mundo de los espíritus a través de las diversas emigraciones del alma; la segundas, son frágiles como la materia, se extinguen con el tiempo y muchas veces se disuelven moralmente desde la vida actual. Esto es lo que ha querido hacer comprender Jesús, diciendo a sus discípulos:
Esta es mi madre y éstos son mis hermanos, (refiriéndose a los apóstoles), mi familia por los lazos del espíritu, porque cualquiera que haga la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, este es mi hermano, mi hermana y mi madre.
La hostilidad de sus hermanos está claramente expresada en lo que relata San Marcos, puesto que dice: Se propusieron cogerle bajo el pretexto de que estaba "enajenado". Al anunciarle su llegada, conociendo sus sentimientos con respecto a El, era natural que dijera, hablando de sus discípulos desde el punto de vista espiritual:
"Aquí están mis verdaderos hermanos.
ALLAN KARDEC.

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