Los
lazos de la sangre no establecen necesariamente los lazos entre los
espíritus. El cuerpo procede del cuerpo, pero el espíritu no procede del
espíritu, porque éste existía antes de la formación del cuerpo; los
padres no son los que crean el espíritu de su hijo, pues no hacen más
que darle una envoltura corporal; pero deben procurar su desarrollo
intelectual y moral para hacerlo progresar.
*Los
espíritus que se encarnan en una misma familia, sobre todo entre
próximos parientes, muchas veces son espíritus simpáticos unidos por
relaciones anteriores, que se manifiestan por su afecto durante la vida
terrestre. Pero puede suceder también que estos espíritus sean
completamente extraños unos de otros, divididos por antipatías
igualmente anteriores, y que igualmente se traducen por su antagonismo
en la tierra para servirles de prueba.
*Los
verdaderos lazos de la familia no son, pues, los de la consanguinidad,
sino los de la simpatía y de la comunión de pensamientos que unen a los
espíritus "antes, durante y después" de su reencarnación. De donde se
sigue que dos seres de padres diferentes, pueden ser más hermanos por el
espíritu que si lo fueran por la sangre; pueden atraerse, buscarse,
gozar juntos. Mientras que dos hermanos consanguíneos pueden rechazarse,
como se ve todos los días; problema moral que sólo el Espiritismo podía
resolver por la pluralidad de las existencias. (Cap. IV, nº 13)
*
Hay, pues, dos clases de familia: "las familias unidas por lazos
espirituales y las familias por lazos corporales"; las primeras,
(unidas
por lazos espirituales), son duraderas, se fortifican por la
purificación y se perpetúan en el mundo de los espíritus a través de las
diversas emigraciones del alma; la segundas, son frágiles como la
materia, se extinguen con el tiempo y muchas veces se disuelven
moralmente desde la vida actual. Esto es lo que ha querido hacer
comprender Jesús, diciendo a sus discípulos:
Esta
es mi madre y éstos son mis hermanos, (refiriéndose a los apóstoles),
mi familia por los lazos del espíritu, porque cualquiera que haga la
voluntad de mi Padre, que está en los cielos, este es mi hermano, mi
hermana y mi madre.
La
hostilidad de sus hermanos está claramente expresada en lo que relata
San Marcos, puesto que dice: Se propusieron cogerle bajo el pretexto de
que estaba "enajenado". Al anunciarle su llegada, conociendo sus
sentimientos con respecto a El, era natural que dijera, hablando de sus
discípulos desde el punto de vista espiritual:
"Aquí están mis verdaderos hermanos.
ALLAN KARDEC.
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