En
mi opinión, este comentario que me hizo una persona después de haber
tenido que hacerse un TAC (Tomografía Axial Computarizada) me hizo
pensar en una realidad muy evidente entre la gente joven y también
bastante habitual en los de mayor edad.
Me
contó, como si yo no lo supiera, que la habían inmovilizado el cuerpo,
sujetándola firmemente, y le avisaron de que la prueba duraba 40
minutos, cosa que le alarmó llegando incluso a intentar negociar si se
podía más rápido. No, por supuesto que no, le dijo el radiólogo. ¿Y qué voy a hacer durante tanto tiempo?, preguntó desesperada. Nada, le contestaron. Me voy a aburrir, añadió desesperada. Esta vez la respuesta fue un encogimiento de hombros por parte del radiólogo.
Inmovilizada,
a solas consigo misma, a solas con su mente y sus pensamientos, sin
teléfono móvil, sin redes sociales, sin whatsapp, sin TikTok, sin
conexión con ninguna otra persona, sola y a solas consigo misma, la
prueba se presentaba como algo que iba a ser muy difícil o imposible
soportar.
Además
de esa especie de golpeteo de la máquina, con sonidos machacones y
repetitivos en un tono elevado –un golpeteo que llega directamente al
cerebro-, estaba el sonido de su desesperación que era aún más
insoportable.
Estamos
tan acostumbrados a que algo nos distraiga -separándonos del contacto
con nosotros mismos-, que quedarnos a solas, sin escapatoria,
aterroriza.
En
el silencio de la soledad se manifiestan con ímpetu los reproches y los
arrepentimientos y los problemas y las dudas y los temores y algunas
más de esas otras cosas que sentimos como pensamientos enemigos.
La primera reacción que nos propone nuestra mente es la evasión, hacer como que eso no existe, ojos que no ven corazón que no siente,
y como resulta casi imposible expulsar esos pensamientos que se sienten
como enemigos intrusos, es mejor no pensar, es mejor ocupar la mente
con algo que provoque una satisfacción inmediata y que tenga el poder de
anular lo que hemos convertido en peligroso.
La
propuesta original del silencio y de la soledad es algo muy distinto a
cómo se percibe. Su pretensión es crear el ambiente propicio para
provocar el auto-encuentro consciente. Yo. Yo y Yo. Yo y mis cosas. Yo y
mi vida. Es el mejor modo, sin duda, de tomar contacto con uno mismo a
salvo de las distracciones ruidosas de la vida y del mundo. Todos hemos
oído hablar -o las hemos experimentado- de las maravillas que aporta la
meditación y la meditación se hace en silencio y en la meditación solo
están presentes uno y el Uno Mismo. Uno y su verdad. Uno y su
espiritualidad. Uno, o sea quien realmente se es.
Pasar
por esta vida sin vivir con atención los encuentros con Uno Mismo es la
dolorosa pérdida de una ocasión irrepetible. No hace falta saber si uno
fue otro alguien antes de nacer o si será otro alguien en otra vida y
otro momento: lo importante es el AQUÍ y AHORA. Ni siquiera es necesario
hacer cosas por un posible mejor Karma en una próxima encarnación. Se
trata de agradar a la conciencia, que es quien directamente nos propone
el Mejoramiento. Se trata de ser ahora y para ser quien realmente uno es
antes de saber quién realmente es. El silencio y la soledad ayudan
grandemente en esta tarea.
¿Miedo
a estar a solas con uno mismo? Eso es algo que hay que cambiar. Hay que
hacer las cosas de tal modo que la búsqueda del silencio y la soledad
se conviertan en un propósito firme y diario, aunque sean solo durante
unos minutos. Que no sea un castigo insoportable sino en el mejor
momento del día.
Conocerse
no es solo saber distinguirse de los otros, no es solamente ser capaz
de reconocerse en una foto o en un espejo: es conocer la propia mente y
el corazón, los sentimientos y los deseos, el Amor Propio y la
espiritualidad.
Te recomiendo y te invito a que te busques y te encuentres en tu silencio y en tu soledad.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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