Te
importa demasiado lo que los demás opinen de ti. Y como te importa
demasiado, permites que su criterio y su modo de pensar prevalezcan. En
este punto, tu presencia y tu propia opinión quedan en segundo plano, y
ese dejarte a ti mismo en segundo plano facilita que tus relaciones se
conviertan en relaciones “de segundo plano”. Es decir: relaciones en las
que los demás llevan la voz cantante y tú simplemente acompañas,
atiendes, asientes, pero no te permites disgustar o mostrarte del todo
abierto a dar tus opiniones, aunque estas no sean del agrado del otro.
Una
persona coherente se permite dar su opinión. Se permite no sonreír todo
el rato. Se permite expresar asertivamente sus emociones. Se permite no
agradar a cada momento. Esto no implica que tengas que buscar el
conflicto con todo el mundo, pero tampoco implica que debas evitarlo a
toda costa. A veces, por ejemplo, estarás delante de personas
dogmáticas, intolerantes, autoritarias, para las que una opinión
contraria a la suya supondrá el fin del mundo. Una persona incoherente
se responsabilizaría al instante de la gestión emocional de ese tipo de
personas y no hablaría de más para no incomodarlas y seguir siendo
aceptada. Sin embargo, una persona coherente daría su opinión de forma
asertiva y estaría abierta a sostener la reacción emocional del otro,
teniendo muy presente que NO ES RESPONSABLE de dicha reacción y que
tiene EL MISMO DERECHO a tener su propia opinión de las cosas, sin la
obligación de estar de acuerdo en todo.
Del
mismo modo, también tienes derecho a quedarte callado, a no asumir todo
el peso de la conversación y a retirarte de la interacción cuando
percibas que esta no fluye o no estás siendo respetado. Para una persona
que desea agradar, el objetivo será tener contento al otro y acabar
siendo elogiado a cualquier precio. Por ello, la no aceptación de los
demás acaba provocándole “minidepresiones” periódicas. Sin embargo, para
una persona coherente, el objetivo es simplemente comunicarse de forma
equilibrada, sin excederse en el dar y sin permitirse recibir migajas.
Si la interacción con el otro no fluye después de haberlo intentado,
adiós y que le vaya bonito. No te quedas preguntándote qué tenías que
haber hecho o dicho. Te retiras y te buscas la vida por otros lares,
pues en el mundo existen millones de personas para conversar, compartir y
tener amistad. Es muy sencillo, pero no te enseñaron a hacerlo. Así
que, a partir de este momento, ponlo en práctica. Aunque no te salga
bien a la primera, con el tiempo irás adquiriendo seguridad e irás
comprobando cómo tu vida se limpia paulatinamente de personas con las
que realmente nunca quisiste estar, comunicarte o pasar el rato
(buscabas ser aceptado y no sentirte solo; nada más). La coherencia te
hará el regalo de la verdad y la transparencia.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
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