Me acostumbré a ser yo,
a mi espacio,
a mi ritmo.
Aprendí el lenguaje del silencio propio
y la melodía de la libertad sin testigos.
La cama es un continente
que sólo yo navego.
Los domingos son páginas en blanco
que no lleno con humos de cocina.
Las noches tienen mi horario,
las mañanas mi fragancia.
No hay voces que moderen mis canciones,
ni miradas que midan mis pasos de baile.
Los mensajes esperan,
las llamadas entienden,
los planes se doblan a mi voluntad.
He firmado un tratado de paz
con mis imperfecciones:
con la impuntualidad vestida,
con los caprichos de última hora,
con los pies descalzos
que dibujan huellas en el césped.
Soledad no es una palabra vacía
sino un cuarto lleno de mí.
Es el lujo de ser entera
sin pedir permiso,
sin dar explicaciones,
sin dividir el alma.
Y sí, es maravilloso.
Este amor propio
no es un consuelo,
es una conquista.
Rosa Bella Alarcón
Gracias
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