viernes, 6 de febrero de 2026

¿ORAR A DIOS? (Por Cristobal Martinez)

 

Reflexiones mañaneras
“¿Orar a Dios?”
El contexto de esta reflexión es aquel en el que se defienden creencias del tipo:
-Todo obra para bien.
-Todo es aprendizaje.
-Dios, el Universo, etc, sabe lo que hace. Tiene “sus razones”, etc.
Me pregunto entonces, si tiene sentido alguno “orar”.
Entendiendo la oración como un pedido de cambio de lo que está sucediendo y no me gusta.
¿No sería una contradicción entre lo que decido creer (párrafo anterior) y mi súplica?
Si todo lo que me ocurre es para mi bien, y no dudo de que Dios o el universo “sabe lo que hace”, ¿a qué viene pedir que cambie?
-¿No sería poner en duda la “sabiduría divina”?
-¿No sería un acto de orgullo y vanidad pedir al que “sabe” que haga lo que yo quiero porque no me está gustando lo que hace?
-¿Mi oración no me estaría en realidad mostrando el poco o nulo valor de mi fe?
-¿Tendría que hacer lo más mínimo por intentar cambiar lo que está sucediendo si decido mantener la creencia de que está sucediendo lo "perfecto"?
-¿Cómo puedo estar afligido o perdiendo la paz por lo que me está pasando, si es para mi aprendizaje y evolución?
-Debería estar contento y suma-mente agradecido, ¿no?
Pero no suele ser así.
Cuando lo que nos sucede supera a las creencias, estas se desmoronan y pedimos, suplicamos, exigimos el “cambio”.
Le pasó hasta a Jesús.
Sí, a ese Jesús que ponemos como referencia de fe y confianza en Dios.
Recuerden aquello de: “Padre, aparta de mí este cáliz amargo”.
O, “Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?”.
Pareciera que en aquel momento sus miedos superaron sus creencias y fe.
Y es normal que así fuera.
A la mente humana le cuesta muchísimo compaginar y encontrar un equilibrio entre las desgracias que nos suceden y el concepto de un Dios/Universo “amoroso”.
Tal vez ahí esté nuestro gran problema: Creer en un Dios “amoroso” por encima de todo, cuando lo que mayoritaria-mente ocurre demuestra lo contrario.
Así que inventamos todo ese tipo de creencias, las del principio de la reflexión, para justificar y tratar de entrar en paz con lo que sucede, no nos gusta y creemos injustificable.
Que, obvia-mente funciona hasta que lo que ocurre para nuestro “aprendizaje y bien” nos supera.
Entonces, como Jesús, invocamos a Dios y le pedimos un “cambio”...
¿Pero tiene sentido pedir un cambio de lo que se supone que es “perfecto” para mí…?
Tal vez tendríamos que cuestionar ese tipo de creencias y aceptar que "lo que hay es lo que es".
Y lo que ocurre mayoritaria-mente demuestra que ese Dios/Universo "amoroso" no existe.
Buen día, amigos.
Kriss

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