Nos llevamos muriendo toda la vida. Todo ser humano muere y muchas veces; en la vida y en muchas vidas.
¿Qué
es lo peor de la muerte? La separación de lo que queremos: posesiones,
seres queridos y un largo etcétera. También hay miedo al sufrimiento en
ese proceso. Miedo a lo desconocido.
Pero todo está procesado y estructurado para que la situación, el tránsito, sea muy fácil, muy natural.
Lo
llevamos haciendo millones de años. El proceso es el mismo aunque las
tecnologías avancen; este proceso siempre es el mismo.
No
estamos solos cuando nos morimos, aunque no se acompañe al moribundo,
aunque no haya a su lado otro ser humano o mascota, siempre está
acompañado por los del otro lado, plano, mundo paralelo o lo que se
quiera llamar. Percibe el moribundo un amor intenso, supremo, un
sentimiento de pertenencia al grupo, se percibe acogido, respetado,
querido. Su identidad está intacta, igual que cuando vivía en la Tierra.
Ahora habita en el otro extremo de un continuo paralelo.
El
lugar, hay muchos, son los diferentes planos Dimensionales ó
Dimensiones, cada uno se aloja en uno según su experiencia en la Tierra
habitada como humano. Ocupan el lugar del conocimiento que han
adquirido en esta vida y que es una progresión de las anteriores.
Unos alojamientos son más extensos y Elevados, otros más estrechos, unos más
breves y otros más extensos...
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