Viene de la 1ª parte. Hola de nuevo gentes, en la 1ª parte exponíamos que toda acción de
pensamiento, sentimiento, deseo u obra, constituía nuestra aportación al
mundo y también a nosotros mismos.
Nuestras aportaciones pueden ser directas o indirectas. Son directas todas aquellas en las que el punto de partida de la acción somos nosotros y nuestros actos de pensamiento, sentimiento y obra.
Y son indirectas las producidas por otras personas a las
que nosotros hemos inducido a la acción, por ejemplo: Si yo aconsejo a alguien a
que actúe de una determinada forma o manera, si de esa actuación se deriva un
beneficio, la aportación al mundo es realizada por otra persona, pero yo he
participado en las ideas y confección del proyecto, con lo cual la aportación
es compartida entre el ejecutor y el emisor del que partió la idea, y los
beneficios también, y si el resultado es perjudicial para el mundo y sus
criaturas, la factura correspondiente según el agravio ocasionado, es
compartida en la proporción según responsabilidades.
En los casos
en que una persona es engañada por otra, y actúa en perjuicio de algo o de alguien,
bajo la creencia de que está actuando correctamente, el actuar de forma
inocente o inconsciente no le exime de sus responsabilidades, y aunque cuente
con un atenuante por su inocencia y falta de conocimientos, queda a su cargo la
parte correspondiente que la Ley
de Causa y Efecto le asigna para que le sirva de lección y aprenda lo necesario
para que no vuelva a dejarse engañar en lo sucesivo.
La persona
que con pleno conocimiento de causa, induce a otras a cometer actos que obran
en perjuicio de ellas y los demás en aras de un beneficio propio, o simplemente por
maldad, directamente proporcional al
daño derivado de los actos, y con el correspondiente agravante, (que en algunos
casos suele ser muy contundente) les toca hacer frente a grandes facturas que
contienen la parte del agravio que le corresponde, mas la sanción por sus
actos de maldad cuya cuantía ira en relación al perjuicio o daño ocasionado.
Cada momento,
cada instante de nuestra querida vida, es una siembra, es una aportación a
nuestro mundo, es una semilla que acabamos de enterrar, y en su momento
germinará y nos ofrecerá su cosecha, y que la las Leyes del Amor y la Verdad, que jamás niegan a
nadie lo que suyo es, nos lo ofrecerán en forma de patrimonio.
Todas estas
realidades y muchas otras ya las comunicó Jesús de Nazarét de forma resumida
cuando estuvo entre nosotros, Él dijo: no des a otros lo que no quieras para
ti, en la cama que hicieres, en ella descansarás, ama a Dios sobre todas las
cosas, y a tu prójimo como a ti mismo, bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios, y muchos otros dichos que ahora no recuerdo, pero
que en su esencia y en forma de parábolas se referían a lo mismo, a la práctica
del Amor Fraterno sentido en el corazón, y realizado mediante el bien hacia los
demás, de forma desinteresada y sin discriminación.
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