viernes, 31 de marzo de 2023

APOLOGÍA DE LA AMISTAD POR INTERNET (Por Juan Pablo Deikler)

  Un ser al que no he visto jamás y si me pidiera mi sangre, correría muy rápido para entregársela toda
Mis hijos, mi madre, mis hermanos, mis nietos y demás familia forman parte de mi entorno del alma. ¡Cómo pasan los años! Y me doy cuenta al hablar de mis nietos. En todos ellos suelo refugiarme como lo pueda hacer el primer mortal que se precie. Sangre de mi sangre, valor incuestionable difícilmente de cuantificar.
Como explico, la llamada de la sangre suele ser el refugio para cualquier mortal. Pero la vida nos obsequió con enormes valores que, disfrutados y bien entendidos, son el reducto hermoso para aferrarnos ante algo tan bello como es la amistad, ese tesoro incalculable, razón de ser para toda persona querida. Confieso que, la docencia, me acercó mucho más al cariño de las gentes, por tanto, a la amistad mejor entendida.
Al margen de la familia que, desdichadamente, en ocasiones, hasta suele fallar, son los amigos los que le dan sentido a mi vida; a la mía y a la de cualquier ser humano que se precie. Y el sentido del que hablo viene dado porque en la amistad, el amigo no tiene sexo, no tiene color, no pregunta, pero siempre está; no pide, pero tú le ofreces; no recrimina, pero si reconforta; no cuestiona, pero si anima; no juzga, pero te comprende. En realidad, el amigo verdadero es el que queda cuando todos se han ido.
Todos gozamos en nuestro entorno y pobre del que no los tenga del reducto mínimo de amigos para contarles nuestras penas, para compartir nuestras alegrías, incluso para saciar nuestra sed del alma. ¿Quién no ha llorado en los brazos de un amigo? Si en realidad, un amigo es un verdadero regalo de Dios, quien goce de amigos verdaderos, jamás podrá sentirse pobre o desdichado.
La amistad ese valor que nace del fondo de nuestro ser para deleite de aquellos que amamos; un amor que no pide reciprocidad, que no sabe de resentimientos y que vive por el perdón, es el logro más bonito que pueda lucir o enarbolar cualquier ser humano como bastión del alma.
Ciertamente, la amistad, como valor incuestionable en el propio firmamento de nuestras vidas, en realidad no es otra cosa que un sentimiento que brota del alma y que llega a cualquier confín de mundo y, mucho más ahora, gracias a la magia de Internet. Yo soy un botón de muestra de aquello que promulgo. Y sí, en Internet, para mi fortuna, logré amigos de toda condición que a diario, hacen que mi vida sea más placentera.
¿Cómo puedes ser amigo de alguien al que no has visto jamás? Es la pregunta que tantas veces me han hecho, como le habrá ocurrido a todo el mundo que navega por el espacio cibernético. Puede sonar chocante que una tenga amigos por el mundo sin haberlos visto pero, todavía es más sorprendente que existan personas que se hayan enamorado por Internet y, lo que es mejor, he conocido algunos y se han jurado amor eterno.
La amistad puede triunfar de cualquier modo porque no tiene color, ni siquiera imagen, ni contenido físico alguno; se trata de un sentimiento inexplicable el que logra que, dos personas, sin distinción de sexo, sean capaces de entregarse jirones de sus vidas sin conocerse para nada. En realidad, ¿qué requisitos son imprescindibles para que dos personas se quieran como amigos? Como diría Simone de Beauvoir, que ambos sean capaces de conquistarse indefinidamente.
Y en la conquista ha estado mi triunfo . Un ser al que no he visto jamás y si me pidiera mi sangre, correría muy rápido para entregársela toda. ¿Se trata de un misterio? No. Sencillamente, de una comprensión entre dos seres humanos con idénticas afinidades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario