Deseo y placer.
Escribía Allan Kardec en la “Revue Espirite” de junio del 1863: Todas las pasiones tienen su principio en un sentimiento o necesidad natural. El principio de las pasiones, por lo tanto, no es un mal, visto que él reposa sobre una de las condiciones de nuestra existencia.
La pasión propiamente dicha es la exageración de una necesidad o de un sentimiento. Ella está en el exceso y no en la causa, y se vuelve un mal cuando tiene por consecuencia un mal.
En un mundo de relatividades como el nuestro, es lógico pensar que huir del placer resulta tan insensato como no ver sino a través de él... Lo que ocurre es que nos hemos ido acostumbrando (por fallidos atavismos socio-culturales) a sintetizar en la relación sexual, todo lo que en esta vida tiene que ver con el goce y el bienestar, corriendo el riesgo de privar al alma de sus reales necesidades.. Podemos vivir intensamente, con alegría vital, sin reducirlo todo a la fugaz excitación de los sentidos.
Una cosa es la excitación erótica y otra el auténtico disfrute de aquel que no necesita el sexo como condición imprescindible para sentir la vida en todas sus posibilidades. Por que ya hemos hablado que, si podemos prescindir del erotismo, no podemos hacerlo en cuanto a la dicha de amar. No existe auténtica plenitud si no se experimenta el intercambio de emociones entre las personas: comunicar, apoyar y compartir son estímulos imprescindibles para el desarrollo integral de todo individuo. Como decía el poeta William Blake: “El amor no busca complacerse ni se interesa por si mismo, sino que entrega a otro su bondad, edificando un Cielo en la desesperación del infierno...
Este artículo proviene de Federación Espírita Española - Espiritismo.
(Conferencia ofrecida en diciembre del 2004 en el XII Congreso Espírita Nacional).
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