Cuando el niño forma su cuerpo
físico en el seno de su madre, llama hacia sí a su familia invisible en
el más allá - que es muy numerosa -, para que le ayude en esta
construcción. De todos los lados llegan pues padres, abuelos e incluso
ancestros lejanos que se ponen manos a la obra. He ahí porqué el cuerpo
físico está condicionado por el atavismo y la herencia. Y esta herencia
puede ser sana o mórbida. Toda una generación, y a veces varias
participan en la construcción del cuerpo del niño, que es así el
reflejo, la síntesis de estas generaciones de seres distribuidos en
siglos y milenios. Por esta razón es tan difícil escapar al atavismo, a
la influencia de una familia. Solo el discípulo de una Escuela
iniciática, instruido en la omnipotencia del espíritu sobre la materia,
logra cambiar su herencia poco a poco.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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