martes, 26 de diciembre de 2023

UN MENSAJE ESPECIAL (Cuentos con Alma)

 

Ruth fue a su buzón de correo y sólo había una carta. Ella la tomó y la miró antes de abrirla, y observó que tenía su nombre y dirección.
Ella leyó:

"Querida Ruth: Voy a estar en tu barrio el sábado en la tarde y quisiera verte. Te quiere siempre, Dios"

Sus manos temblaban mientras colocaba la carta en la mesa.
"¿Por qué Dios querrá visitarme si no soy nadie especial?" También se dio cuenta que no tenía que ofrecerle; pensando en eso, ella recordó si alacena vacía.
-¡Oh, no tengo nada que ofrecerle! Tengo que ir al supermercado y comprar algo para la cena -tomó su cartera, que contenía cinco dólares-. Bueno, puedo comprar pan y embutidos, por lo menos.
Se puso el abrigo y corrió la puerta. Compró un molde de pan francés, medio kilo de jamón de pavo y una caja de leche, lo que le dejó tan sólo doce centavos hasta el lunes.
Se sentpia bien a medida que se acercaba a su casa con su humilde compra bajo el brazo.
-Señorita, por favor, ¿puedes ayudarnos?
Ruth había estado tan sumergida en sus planes para la cena que no había observado dos figuras acurrucadas en la acera.
Un hombre y una mujer, ambos vestidos de andrajos.
-Mire, señorita, no tengo trabajo y mi esposa y yo hemos estado viviendo en las calles, nos estamos congelando y tenemos mucha hambre; si usted nos pudiera ayudar se lo agradeceríamos mucho.
Ruth los miró. Ellos estaban sucios, malolientes, y pensó que si ellos en verdad quisieran trabajar ya habrían conseguido algo.
-Señor, me gustaría ayudarles, pero soy pobre también. Todo lo que tengo es un poco de pan y jamón, y tendré un invitado especial a cenar esta noche y pensaba darle esto de comer.
-Esta bien, comprendo. Gracias de todas maneras.
El hombre puso su brazo sobre los hombros de la mujer y se fueron rumbo al callejón. Ella los miraba alejarse y sintió mucho dolor en su corazón.
-Señor, espere -la pareja se detuvo, mientras ella corría hacia ellos-. Por qué no toman esta comida; puedo servirle otra cosa a mi invitado -dijo ella, mientras le entregaba la bolsa del supermercado.
-¡¡Gracias, muchas gracias señorita!!
-Sí, gracias -le dijo la mujer, y Ruth pudo ver que estaba temblando de frío.
-Sabe, tengo otro abrigo en casa; tome éste -mientras hablaba, se lo iba poniendo sobre los hombros.
Ella regresó a casa sonriendo y sin su abrigo ni comida que ofrecer a su invitado.
Se estaba desanimando a medida que se acercaba a la puerta de su casa, pensando que no tenía nada que ofercer al Señor.
Cuando metió la llave a la cerradura, observó otro sobre en su buzón.
-¡Que raro! Normalmente, el cartero no viene dos veces el mismo día.
Ella tomó el sobre y lo abrió:

"Querida Ruth: Fue muy agradable verte de nuevo. Gracias por la comida y gracias también por el hermoso abrigo. Te quiere siempre,

Tu padre, Dios"

Autor desconocido.

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