Viene de la 2ª parte. Si en verdad nos interesa la navidad y sus simbolismos, según el calendario oficial empieza el veinticuatro de Diciembre, pero la preparación para la misma, debe de empezar mucho antes, el veinticuatro es según la historia cuando nace el Hijo de Dios, y hemos de estar preparados para recibirle, y según pienso y siento, esa preparación debe de consistir en limpiar nuestro corazón de todo tipo de sentimientos negativos y de mal querencia que hayamos creado y albergado por los motivos que sean, el mal sentir y el mal querer, es el resultado de conceptuar y enjuiciar bajo la influencia del error, el amor propio y el egoísmo en sus múltiples y diversas maneras.
Todos los conceptos y enjuiciamientos deben contar con la colaboración en equilibrio de la mente y el corazón, (o del alma y el espíritu), la mente esclarece los hechos, y el corazón pone ese toque de amor que nos permite sentir a los demás, como la prolongación de nosotros mismos, y comprender su situación y motivos por los que actúa de la forma en que lo hace, y cualquier veredicto debe de significar un acto de compensación a favor del equilibrio y armonía, y en ningún caso un castigo.
Confieso que yo no estoy muy puesto con los simbolismos de los acontecimientos navideños, pero entiendo que cuando las cosas son como son, debe de existir alguna razón objetiva y de peso que las avale.
Entiendo que el acontecimiento central, o más significativo, es el nacimiento de Jesús de Nazarét, el Maestro del Amor y la Verdad, o el Hijo de Dios.
Según la historia, debería de nacer en un pesebre situado en un establo, pero en estos tiempos ni hay pesebres ni establos, y aunque los hubiera, creo que deberíamos recibirlo en nuestras casas, y mejor aún, en nuestros corazones, si le hacemos un huequito en nuestro cálido corazón, sería todo un detalle, y de seguro que con sus vibraciones de Amor y Sabiduría, tan dentro de nosotros, ganaríamos mucho como personas.
Por eso la necesidad de reflexión y análisis, de perdonarnos y perdonar,(pero de verdad) de pagar al que debamos, de disculparnos ante quien hallamos ofendido, y si no es mucho pedir, ser comprensivos y amables con el prójimo, si así obramos, es uno de los mejores regalos para nuestro prójimo, y también para nosotros, y nuestro corazón quedará limpio y preparado para servir de morada a Ese Niño al que llevábamos todo un año esperando.
Pero si no limpiamos nuestro interior de pensamientos y sentimientos negativos y ruines, no podemos pretender que Dios permita que su Hijo venga a nosotros, porque lo dañaríamos con nuestra maldad y suciedad, y sus energías de Amor, Pureza, Bondad, etc., al ser contrapuestas a las nuestras, entrarían en confrontación, y todos saldríamos perjudicados.
Una vez más, recordemos aquellas frases que decía cuando predicaba, “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.
La navidad como evento interno, no es negocio, no mueve el mercado, y la sociedad de consumo, con sus programas de propaganda sabiamente y astutamente diseñados, para hacer que resulte rentable, tiene que enfocar, todo lo que conforma la navidad en otro sentido, es decir, convertirlo en “evento externo”, donde entran en juego las competencias, las modas, las celebraciones populares donde hay que comer, beber, vestir y alternar como manda lo estipulado, donde lo que cuenta es el cómo, y no el porqué, la forma, y no el fondo.
La navidad como evento orientado al crecimiento personal, priorizando lo interno, apenas produce gasto económico, ni necesita demostraciones de poderío, ni competencias absurdas para ver quien come mejor, quien viste mejor, quien asiste a aquellos eventos exclusivos, y en resumen, todas las acciones orientadas a destacar para llamar la atención y sentirnos por encima de otros.
La navidad es como una evaluación práctica, que nos brinda la oportunidad de ejercer la caridad, el compartir, y reconocer que todos somos hijos de Dios, y hermanos entre sí, y aunque se guarden las distancias que son de guardar, no debemos de crear otro tipo de distancias que generen entre nosotros sentimientos de separatismo, rivalidades, etc.
Y a partir de este punto empieza la “fiesta” de fin de curso, en este caso de “fin de año”, ya hemos limpiado nuestro cuerpo, nuestra psiquis y nuestra alma, nos hemos reconciliado con nosotros y con todos los demás, y hemos recibido a nuestro Especial Invitado, pues como debe ser, después de que hemos hecho los deberes bien hechos, ¡Que empiece la fiesta!. Y compartiremos con los de nuestro más allegado entorno, esos manjares que se reservan para las ocasiones especiales, y como es tradición echaremos unas cantijas a ritmo de zambomba, o de tenedor sobre la botella de anís, cada uno a nuestro estilo, y como las circunstancias lo permitan.
Y después de varios lingotazos de “agua de fuego”, y llenar la panza hasta arriba, lo mas normal es que desafinemos de lo lindo, pero es navidad y todo está bien, y como el Espíritu de la Navidad, y el Hijo de nuestro Padre Celestial están presentes en la fiesta, no cabe la menor duda de que reinará la paz y la concordia, ambiente propicio para limar algunas asperezas que pudieran quedar con algún familiar, amigo, vecino o conocido, y también renovaremos fuerzas y estrecharemos lazos de familia, amistad y hermandad, todo ello necesario para que al llegar el nuevo año, dar comienzo a un nuevo ciclo o curso de formación en la “escuela de la vida”. Continúa en la 4ª parte.
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