El mayor acto de amor que puedes realizar es comprender al otro (aunque no compartas su visión del mundo o su modo de hacer las cosas). En el planeta en el que vives, este será siempre uno de los mayores retos para tu alma. Cuando no comprendes a alguien, la tendencia es a cerrar el corazón y juzgar. “Esa persona es una XXXXXXXXX”. Pero las cosas no son tan simples. Tu juicio no define a la otra persona. Solo muestra tu falta de amor y de empatía. Tu falta de comprensión. Tu perspectiva limitada de algo que es mucho más amplio y complejo.
Comprender no implica que tengas que aprobar el comportamiento del otro, aplaudirle, abrazarlo o compartir su espacio. Simplemente significa que entiendes su historia, su dolor, la razón de que actúe de esa manera. El juicio te aparta del otro. La comprensión te aproxima a él. No estoy de acuerdo con lo que el otro dice o hace, pero comprendo que lo diga o lo haga. En ese momento, algo florece en mi alma. El juicio cesa y surge cierto alivio dentro de mí. El otro ya no parece tan “malo”, ni tan “egoísta”, ni tan “ignorante”. Comprendo que es una persona con su propia historia, con su propio dolor, con su particular “mochila” de experiencias y patrones que lo llevan a no saber pensar o comportarse de otra manera. Eso es verdadero amor y empatía. Y es difícil ponerlo en práctica, porque estás programado para ver el mundo desde tu dolor y desde tus heridas, no desde los zapatos del otro.
El otro no es “malo”, simplemente lleva a cuestas su propio bagaje. Y está sufriendo, aunque desde fuera te parezca una “mala persona”. Todavía no ha aprendido a gestionar su propio dolor ni a actuar de otra manera. No tiene la conciencia suficiente para ello. Es como un niño pequeño: reacciona a sus emociones sin comprenderlas. No sabe por qué ni para qué hace lo que hace. En ocasiones cree saber, pero esa “sabiduría” es solamente mental, no emocional. ¿Puedes comprenderlo? ¿Puedes ponerte en sus zapatos por un momento? ¿Puedes sentir por un instante el enorme dolor que lleva a sus espaldas esa persona a la que juzgas tan severamente y a la que a veces le has deseado incluso la muerte? En cierto modo, tú eres como ella. Si no, no la juzgarías ni le desearías el fin. En ti también hay sombra, y dolor, y reacciones automáticas ante emociones no comprendidas... Toma conciencia de que comprenderla a ella equivale a comprender el mundo en el que vives y comprenderte, al fin, a ti mismo.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
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