miércoles, 27 de marzo de 2024

TAMBIÉN ESTÁ BIEN SENTIRSE VULNERABLE (Por Javier Lopez)

 

A veces, también está bien sentirse vulnerable. Es, incluso, necesario. Una persona completa también es vulnerable, y tiene sus momentos de bajón, de incertidumbre, de desasosiego, de desesperanza… De hecho, una gran parte de la fortaleza de una persona consiste en acoger esa vulnerabilidad y ser capaz de sostenerla, de aceptarla, de mostrarla… No somos máquinas, ni robots: somos seres humanos. Y como seres humanos, tenemos sentimientos, momentos mejores y peores, altos y bajos, luces y sombras…
Amarnos a nosotros mismos pasa también por aceptar esta parte. Por sentirnos a gusto con ella, aunque no siempre sea agradable sentirla y reconocerla. En muchos ámbitos, la vulnerabilidad no está bien vista. Se queda en la sombra. Escondida. Es más sencillo sacar nuestra parte sonriente, exitosa, triunfadora, fotogénica… Pero la parte vulnerable siempre está ahí, aunque no se muestre. Esa es la “mala” noticia para muchos… Tarde o temprano, tendrás que reconocerla y enfrentarte a ella. Y aceptarte con lágrimas en los ojos, con sueños rotos, con miedos persistentes, con la idea de no saber adónde vas clavada en la mente… Con un cuerpo imperfecto según lo que marcan los milimétricos cánones actuales… Sí… Eres humano. Eres humana. Sorpresa. Hoy te lo recuerdo por si lo habías olvidado.
A mí me gusta que seas humano. O humana. Que no todo esté “bien” siempre. Que tengas tus días de horror… Lo cierto es que me asustan las personas “perfectas”. Me asustan cada vez más… Quizá porque estoy conectando profundamente con mi parte vulnerable, y empezando a aceptar lo que antes consideraba inaceptable… No lo malinterpretes: no te hablo de no mejorar, de no ir hacia delante, de no intentarlo…; hablo de ser vulnerable. Simplemente. De permitirse caer. De ser abrazado. De no tener la solución. De no saber qué ocurrirá mañana… Del fondo de mi ser, a medida que escribo, surge una enorme y honda paz. Porque desde esa vulnerabilidad consciente, ya no tengo que fingir. Me puedo quitar el traje de Superman. Puedo sonreír. Puedo respirar… Y, sobre todo, puedo conectar con personas que también se permitan esa vulnerabilidad. Que también sean capaces de quitarse el disfraz y reconocer su humanidad, su debilidad, su torpeza, su angustia y su fragilidad. Sí, hoy me reconozco humano y te doy la mano. Hoy me permito descansar y no ser el héroe esperado. Hoy vuelvo a mi esencia, y desde esa esencia te hago un hueco (si tú también has conectado con la tuya) a mi lado.
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