La ceremonia del veneno emocional
No ocurre en templos oscuros.
Ocurre en salas de estar, grupos de WhatsApp, cafés y oficinas.
Allí donde los ausentes son el plato fuerte, y los presentes… carniceros disfrazados de buena gente.
Todo empieza con una frase inocente:
"No debería decir esto, pero..."
Y se despliega el ritual.
Porque “mejor no meterse en problemas”, ¿verdad?
Pero aquí viene lo incómodo:
No por maldad…
Por hábito.
Por ego.
Por ese pequeño subidón que nos da sentirnos “mejor que otros”, sin tener que construir nada valioso dentro.
Porque nos permite sentir superioridad sin mérito.
Porque por unos minutos, nuestro vacío interior se siente lleno…
de juicio, crítica, risas falsas y falsa moralidad.
El veneno que ayudamos a esparcir…
termina alojado en nosotros mismos.
Porque el alma que no defiende al ausente,
ya ha empezado a ausentarse de sí misma.
Hoy hablas mal de otro…
mañana serás el ausente del que se habla.
Así es la ceremonia:
nadie está a salvo.
di algo radical como:
"Prefiero no hablar de alguien que no está."
"Cambiemos de tema."
"No me interesa ese tipo de conversación."
Pero también será liberador.
Porque romper el ritual requiere más fuerza que participar de él.
Dice TODO sobre ti.
Sobre lo que alimentas.
Sobre cómo gestionas tus sombras.
Sobre cuánta luz estás dispuesto a encender… o a apagar.
La próxima vez que estés ahí, frente al altar del chisme,
recuerda:
El alma que respira veneno… siempre es la más intoxicada
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