viernes, 27 de junio de 2025

MIS IDEAS SOBRE LOS COMPLEJOS 2ª Parte (Por José Miranda)

 

Viene de la 1ª parte.  Los complejos en su amplio manifestar es una mas de las asignaturas de los cursos de formación espiritual, y se sufre mucho cuando los padecemos, yo en mi edad de pubertad y adolescente me lo pasé bastante mal, porque nací y me crié en un medio muy rural y estaba muy des-adaptado con el ambiente del pueblo y sociedad, mis conocimientos y aptitudes se limitaban a lo esencial para el diario en el campo en relación con los animales, labores de labranza y algún vecino cercano. 

La escasés de recursos y que mis padres estaban muy ocupados para proveer lo básico e imprescindible y que no sabían nada de modas y otros inventos de actualidad social, y por tanto nuestras ropas eran muy clásicas y un poco anticuadas respecto a los jóvenes de nuestra edad, y era motivo de rechazo de otros jóvenes, y en ocasiones algunas burlas todo ello motivó que en ocasiones me sintiera acomplejado.  

Cuando padecemos complejo de inferioridad padecemos también el de superioridad ambos  son complementos a favor del equilibrio y compensación y suman inconvenientes y niveles de dificultad en nuestro diario vivir, suponiendo un gran obstáculo para todo tipo de relaciones, empezando por la de con uno mismo, porque si nos sentimos inferiores o superiores a otro, esa diferencia de valoración establece una distancia moral, intelectual y afectiva, y obra en perjuicio o dificultad para cualquier tipo de relación.

 La falsa humildad nos deja ver al de inferioridad pero no aprecia el de superioridad, y esto sucede por falta de auto-análisis, me explico:
Para sentirme inferior a otro, previamente he hecho una valoración de ese otro, otra valoración mía, y el resultado de la comparación se inclina a favor del otro y eso hace que me sienta inferior.

 Cuando estamos frente a otra persona y la valoración se inclina hacia nosotros nos sentimos superiores, este tipo de actuaciones la mayor parte de las veces se procesan automáticamente y puede ser que no seamos conscientes de su existencia, solo apreciamos que nos sentimos inferiores o superiores.

 Este tipo de manifestaciones es muy normal en nuestra sociedad porque entre otras cosas, contribuye a fomentar el mercado, pero si lo analizamos objetivamente descubriremos que ambos sentimientos son el resultado de nuestra ignorancia e incapacidad de elaborar conceptos de naturaleza objetiva, constructiva e inteligente.

 Cuando hacemos una valoración de un coche, no solo tenemos en cuenta su línea, color, velocidad que alcanza, consumo, etc., para hacer una valoración hay que conocer en profundidad todas sus prestaciones y características en todos los sentidos, y eso solo lo puede hacer alguien que conozca todo lo que posee y las técnicas de funcionamiento, etc., pocas son las personas cualificadas para hacer una valoración exacta de cualquier vehículo o maquina compleja.

 El ser humano ha inventado y fabricado maquinas y aparatos con una técnica impresionante y de alta complejidad, pero todo ello en comparación con lo que es una persona es una insignificancia, y llegado a este punto nos preguntamos, ¿si para emitir una valoración de una de esas maquinas se necesita ser altamente cualificado, para hacer una valoración de una persona en su conjunto y totalidad, que cualificación necesitaríamos tener?.

 De seguro que la de un Dios en persona, para conocer a una persona, hay que convivir con ella largo tiempo, estar a su lado cuando ríe, cuando llora, cuando ama, cuando desprecia, cuando se siente débil o fuerte, en las diversas facetas de infantil, niñez, adolescente, adulta, madura, etc., posiblemente un trauma en la niñez le dejo secuelas que condicionan su comportamiento, o aquel desengaño amoroso, o aquella otra etapa en la que sufrió acoso, o esas taras hereditarias que nos acompañan en nuestra vida sin que nosotros lo hallamos elegido, ni podamos hacer desaparecer, etc.

Nuestra actual realidad puede ser por tantos y tantos motivos, que sólo un Dios de los buenos esta capacitado para emitir una valoración de cualquiera de nosotros, cualquier valoración que hagamos de alguien, esta mas cerca del error que de la realidad, y si no contamos con la preparación ni con los elementos de juicio necesarios para hacer una valoración fiable de otra persona, no podemos hacer ninguna comparación, y por tanto no sabemos quién es más y quién es menos, y al no sentirnos ni más ni menos que otra persona, no nos podemos acomplejar respecto a ella.

 Yo tenía dos buenos amigos, que entre ellos se llevaban fatal, y ninguno entendía que el otro fuera amigo mío, cada uno tenía una pésima valoración del otro, porque ambos se observaban a través de su incompatibilidad e intolerancia hacia las diferencias ajenas, y esa incompatibilidad e intolerancia impedía ver lo bueno y hermoso de cada uno.

 Cuando estas personas aprendan a hacer valoraciones objetivas y constructivas, podrán ser amigos de sus actuales enemigos, o por lo menos mejorarán sus relaciones en general, y se abrirá una puerta que comunica con el jardín de las posibilidades y el buen rollo.

 Cuando una persona estudia y vive el libro de la vida, comprende que es diferente a todo, pero en ningún caso inferior ni superior, y ello le permite estar a la altura de todo y de todos, y a no sentirse ni por debajo ni por encima de nada ni nadie.

 Con todo lo dicho hasta ahora nos va quedando claro que el sentirse inferior o superior no tiene sentido, y cuando ocurre es por haber recibido una educación incorrecta y falta de desarrollo de las capacidades analíticas y de raciocinio.
Continúa en la 3ª parte, saludos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario