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– En estado errante y antes de reencarnarse, ¿tiene el Espíritu
conciencia y previsión de lo que le sucederá durante la vida?
– El mismo elige el género de pruebas que quiere soportar y en esto consiste su libre albedrío.
– ¿No es, pues, Dios quien le impone como castigo las
tribulaciones de la vida?
–
Nada sucede sin el permiso de Dios, pues, es él quien establece todas
las leyes que rigen el Universo. Preguntad, entonces ¿por qué
ha
hecho tal ley y no tal otra? Dando al Espíritu la libertad de elegir,
le deja toda la responsabilidad de sus actos y consecuencias, de
manera
que nada entraba su futuro; tanto el camino del mal como el del bien
permanecen abiertos para él. Si sucumbe le queda el consuelo de que no
todo acabó para él; Dios, en su bondad, le brinda la
oportunidad
de volver a empezar lo que ha hecho mal. Además, es necesario,
distinguir lo que es obra de la voluntad de Dios y lo que procede de la
del hombre. Si os amenaza un peligro, no sois vosotros
sino
Dios, quien lo ha creado, pero es por vuestra propia voluntad que os
exponéis a él porque lo consideráis un medio de progreso y
Dios lo ha permitido.
Allan Kardec.
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