En mi opinión, hay personas que confunden la seriedad que pueda tener
un asunto con la seriedad –o no- con que hay que afrontarlo.
Digo
esto porque me he encontrado con personas que cuando inician el Camino
se ponen serias –muy serias- y se lo toman como algo que hay que
afrontar desde una actitud de gravedad manifiesta, solemnemente, tal vez
siendo secamente inexpresivas, pensando que de esa forma le dan
empaque, y que ellas mismas, por eso de aparentar tanta seriedad, se
revisten de importancia y se sienten de una raza especial que ha de
estar aparte.
En cambio, yo opino que hay que tomárselo de un
modo distinto. Es un asunto serio en el sentido de que es importante –no
hay duda-, pero eso no lo condena a la seriedad en la expresión y el
afrontamiento.
Vivir es –también- sonreír, reír, divertirse, ser
feliz… y todo eso se puede hacer compaginándolo con los momentos de
introspección y reflexión, y de recogimiento y revisión, porque una cosa
no excluye a otra, y porque la dedicación exclusiva al Desarrollo
Personal, desde un punto casi obsesivo, es perjudicial.
Dios, o
el Creador, -o “lo que sea o quien sea”, para los ateos-, no nos puso
los cinco o seis sentidos y todas las maravillas que hay en el mundo
como una tentación que se ha de vencer continuamente, ni nos dotó de la
capacidad de sonreír para que la estemos reprimiendo constantemente, ni
dijo que la felicidad y el buen humor sólo se pueden alcanzar al final
del Camino.
El hecho de encarar la vida con optimismo, y los
problemas con buen ánimo, y de ser capaces de desdramatizar la vida y lo
que nos ocurre, no es un atentado contra la importancia del Camino. No
es que se menosprecie. Quiere decir que un Camino se puede hacer en
silencio o cantando, ya que de ambos modos se dan pasos. (Personalmente,
prefiero la segunda opción)
Silencio, meditación, recogimiento, o introspección, son necesarios pero no es obligatorio que sea a todas horas.
Estamos en el Mundo y en la Tierra y eso implica que hay que
compatibilizar trabajo con familia con ocio con matrimonio con viajes
con religión con problemas con hijos con facturas que pagar con pensar
en el futuro con tener miedo con llorar con espiritualidad con reír con
estar desanimado con estar contento con amar con Vivir… y amalgamarlo
todo, hacer un conjunto en el que todo ello pueda convivir cordialmente,
cada cosa a su tiempo y en su momento, y estando uno por encima de todo
ello observándolo, gozándolo, aprendiendo, siguiendo adelante en su
propio Proceso pero sin abandonar a lo otro y a los otros.
Los placeres son para gozarlos.
El hecho de gozar, de reír, de estar a gusto, de sentirse bien o
querido entre otra gente, la felicidad… todo eso es alimento para llevar
en el Camino, y con ello la esperanza y la ilusión se reconfortan y
crecen.
Y más aún porque hay muchos placeres que son muy puros e intensos, y que además son gratis. O casi.
Busca los tuyos y no los abandones, no los desatiendas así como tampoco desatiendas tu Proceso.
Que convivan armoniosamente.
Estas son solamente unas ideas de lo que quiero decir:
- Ver –conscientemente- un amanecer o una puesta de sol.
- Pasear por el parque, por el monte, por el campo.
- Charlar con amigos.
- Leer.
- Escuchar música.
- Meditación, relajación, reflexionar, yoga, zen.
- Desarrollo personal.
- Acudir a charlas, conferencias, exposiciones.
- Cenas o comidas en grupo.
- Abrazar, reír, amar…
Revisa cómo llevas el asunto de los placeres.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
sábado, 26 de noviembre de 2022
LOS PLACERES EN EL DESARROLLO PERSONAL (Por Emma Fernandez)
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