A
veces pensamos que ser optimista consiste, simplemente, en “pensar
positivamente” o “visualizar cosas buenas”, como si solo imaginar o
desear los acontecimientos fuera suficiente para que sucedan. Pero no es
así. 
Las
investigaciones nos indican que el optimismo no es solo una forma de
pensamiento, también es una actitud, que tiene que ver con traducir lo
que pensamos en acciones, con dar pasos hacia lo que emprendemos
activamente y con cómo nos comportamos, especialmente ante la
adversidad.
Las
personas optimistas piensan que la adversidad se puede manejar
exitosamente y, por eso, se enfrentan a los retos con confianza y
perseverancia. Las personas pesimistas, en cambio, al esperar lo peor,
tienden a dudar y evitan actuar ante los retos.
Es
muy importante que entiendas esta diferencia, porque tu actitud puede
afectar directamente tu salud y la forma en que manejas las situaciones
de estrés.
En
definitiva, una actitud optimista ayuda a las personas a sufrir menos
ante la adversidad, a manejar las situaciones difíciles de manera
constructiva y a emprender los pasos necesarios para lograr un futuro
mejor. El pesimismo, por el contrario, conduce a desarrollar patrones
autodestructivos.
Uno
de los investigadores más importantes de la psicología positiva,
Christopher Peterson, afirma que no se trata de tener un “optimismo
ciego”, sino de tener un optimismo flexible, pues son muchas las
evidencias que señalan que, en general, es más saludable tener una
postura optimista.
Practiquemos el ser más optimistas y descubramos qué impacto tiene en nuestra vida.
Feliz miércoles 
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