Hay algo que veo constantemente en consulta, personas que llevan años intentando cambiar algo y que, después de muchos intentos fallidos, acaban pensando que el problema es su falta de fuerza de voluntad.
Pero el cerebro no funciona desde ahí. El cerebro automatiza patrones para ahorrar energía y generar sensación de seguridad. Y muchas veces esos patrones se mantienen incluso cuando generan sufrimiento.
Por eso alguien puede repetir dinámicas que le hacen daño, volver a hábitos que quiere dejar o reaccionar siempre igual aunque racionalmente sepa que no quiere hacerlo más.
No porque no quiera cambiar, sino porque el patrón ya se ha convertido en automático.
Y aquí, hay que entender que esto no significa justificarlo todo ni dejar de responsabilizarse. Significa dejar de mirarte desde la culpa constante y empezar a entender qué función tiene eso en tu vida.
Porque muchas veces el cambio real no empieza desde la exigencia, empieza desde la comprensión.
¿Hay algo que lleves tiempo intentando cambiar y todavía no entiendas por qué te cuesta tanto?
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