domingo, 21 de agosto de 2022

DEL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS DE ALLAN KARDEC (Por Angeles Calatayud)

 

Alcanzado el término que señaló la Providencia para su vida errante, el Espíritu elige por sí mismo las pruebas a que quiere someterse para acelerar su progreso, es decir, el género de existencia que cree más apropiado para suministrarle los medios, y esas pruebas están siempre en relación con las faltas que debe expiar. Si triunfa se eleva; si sucumbe, le toca volver a empezar.
El Espíritu goza siempre de su libre albedrío y en virtud de esta libertad elige en estado de Espíritu las pruebas de la vida corporal las que después en estado de encarnado, delibera si las cumple o no, escogiendo entre el bien y el mal. Denegar al hombre su libre albedrío, sería reducirlo a la condición de una máquina.
Al entrar en la vida corporal, el Espíritu pierde momentáneamente el recuerdo de sus existencias anteriores, como si las ocultase un velo. Aunque a veces tiene una vaga conciencia de ellas e incluso pueden serle reveladas en ciertas circunstancias; pero sólo por voluntad de los Espíritus superiores que lo hacen espontáneamente, con un fin útil y jamás para satisfacer una vana
curiosidad.
En ningún caso pueden ser reveladas las existencias futuras; porque
dependen del modo como se viva la existencia presente y de la elección ulterior del Espíritu.
El olvido de las faltas cometidas no es un obstáculo al progreso del
Espíritu, porque si no tiene un recuerdo preciso, el conocimiento que tuvo en estado errante y el deseo que concibió de repararlas, le guían por medio de la intuición y le sugieren el pensamiento de resistir al mal. Ese pensamiento es la voz de la conciencia, secundada por los Espíritus que le asisten, si escucha las buenas inspiraciones que le sugieren.
Si el hombre no conoce los actos que cometió en sus existencias anteriores, puede saber siempre de qué clase de faltas se hizo culpable y cuál era su carácter dominante. Basta estudiarse y puede juzgar lo que fue, no por lo que es, sino por sus tendencias.
Las vicisitudes de la vida corporal son a la vez una expiación de las faltas del pasado y pruebas para el futuro. Nos purifican y nos elevan según las soportemos con resignación y sin murmurar.
La naturaleza de las vicisitudes y las pruebas que soportamos puede ilustrarnos también acerca de lo que hemos sido y de lo que hemos hecho, como en este mundo juzgamos los actos de un culpable por el castigo que le impone la ley.
Así, alguien será castigado en su orgullo por la humillación de una
existencia subalterna; el mal rico y el avaro, por la miseria; el que ha sido duro para con los otros, por la dureza que soportará; el tirano, por la esclavitud; el hijo malo, por la ingratitud de sus hijos; el perezoso, por el trabajo forzado, etc.
Libro de los espíritus. Allan Kardec.

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