Todos
los grandes Maestros, todos los grandes Iniciados nos lo enseñan: el
ser humano es un espíritu, una llama que ha brotado, como la tierra
misma, del seno del Eterno. Hay todo un camino que recorrer y en el
trayecto puede suceder que, como la tierra, también él se deje
entumecer, enfriar y oscurecer. Pero está predestinado a regresar a las
regiones que ha dejado, y un día, después de mucho tiempo, después de
encarnaciones y encarnaciones, así como la tierra se volverá como el
Sol, el ser humano retornará junto a su Padre Celeste. Son las mismas
leyes, las mismas correspondencias.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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