Todo
el mundo se interesa en el asunto de la educación, inclusive los niños:
quieren educar a su muñeca o a su perro… En realidad nadie puede educar
a nadie. Los discursos, las explicaciones, las órdenes no sirven para
nada. Cuando un Iniciado viene a la Tierra para ayudar a los humanos, no
trata de cambiarlos, pues respeta su predestinación, pero con su saber,
sus virtudes, su comportamiento, anima, vivifica, riega las buenas
semillas, es decir los dones y las virtudes que se hallan allí
enterrados en ellos. Entonces, todas estas semillas comienzan a crecer, a
desarrollarse, a florecer…
La
educación es la ciencia más difícil, porque hay que empezar por poseer
en sí mismo las cualidades que se quiere desarrollar en los demás. Solo
los Iniciados que ya han hecho un inmenso trabajo en sí mismos consiguen
despertar en los humanos las cualidades más sublimes que el Creador ha
depositado en ellos.
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