En mi opinión, uno de los
mayores pecados, y de los más dramáticos, que uno puede cometer es el de
no haber vivido la vida. Su vida.
Conformarse con llegar al
final del día con una leve satisfacción porque se han disfrutado algunos
placeres –cosa que está muy bien- no ha de servir como justificación
para tener la sensación de tener una vida plena.
Están muy bien
los placeres, repito, pero es conveniente la búsqueda y el encuentro con
algo más trascendental, algo que produzca una satisfacción aún mayor
aunque su manifestación sea solo una sensación invisible e
indescriptible cuya principal beneficiaria es el alma o la conciencia.
Reitero que están muy bien los placeres, mientras más mejor -siempre
que sean dentro de lo correcto para la conciencia de cada uno-, pero la
trascendencia de la que formamos parte, o que forma parte de nosotros,
nos exige calladamente algo más.
Es algo que se asemeja a una paz
interna muy placentera, a una sensación de estar haciendo lo adecuado y
no satisfacer solamente al ego o al cuerpo y lo carnal, sino también a
lo espiritual.
¿Cómo se alcanza eso?, ¿Cómo se llega ahí?
Creo que las respuestas a estas preguntas, u otras similares, las ha de
buscar cada uno en su interior. Creo que no es adecuado copiarlas, y
menos aún imponerlas, de un modo frío y mental, como una fórmula
matemática, porque no lo es y porque no va a funcionar si se hace de ese
modo.
Esto se trata de sentimientos, emociones, vivencias,
experiencias personales, de vida, y no es un laboratorio donde las cosas
actúan o reaccionan siempre igual en base a un proceder siempre igual.
¿Qué me aporta paz?
Esta pregunta puede ser el principio.
¿Qué me hace sentirme más Yo Mismo?
También vale como principio.
¿Cuándo y por qué se siente satisfecha mi conciencia?
Casi cualquier pregunta que no vaya dirigida directa o sibilinamente al
ego puede acercarnos a una respuesta que esté en el verdadero camino.
Hay que llenar la vida de Vida, o de VIDA, y no solamente de cosas.
La conciencia y la consciencia son nuestras aliadas en esta tarea.
La atención y la honestidad son compañeras necesarias e ineludibles.
La rectitud y la moral son imprescindibles.
La VIDA es algo más que lo que nos pasa.
Y, curiosamente, la vida se nutre de VIDA.
Así que es conveniente llenarla de lo que de verdad la llena y no solamente de lo que la ocupa.
Darse cuenta del Aquí y Ahora, del Yo Soy y Yo Estoy, tocarse y
sentirse, escucharse y abrazarse, continuamente, es del todo necesario y
del todo imprescindible.
Las cosas pasan o se olvidan, y no
todas siempre dejan huella. Los sentimientos de uno hacia uno mismo, y
la consolidación de la relación con el Uno Mismo –el Ser Superior-, sí
nos hacen personas, sí nos conectan con la divinidad, con lo
trascendental, con el Camino, con el Sentido de la Vida.
Hay algo
que está más allá de lo cotidiano. Y no me refiero a “más allá” como
espacio físico. Me refiero a algo que trasciende nuestros actos comunes,
que deja una huella en forma de paz y concordancia, que asienta y
afirma, que sabe que es la Verdad y lo correcto.
La búsqueda de eso puede que sea el objetivo de estar en este mundo o en esta vida. ¡Quién lo sabe!
A cada uno le vale su verdad. Por eso hay que ser muy honrado al dictar la propia Verdad.
Hay que disfrutar –no me canso de decirlo y desearlo-, pero no hay que
olvidarse de dar satisfacciones también a ese que en esencia y realidad
somos, que es más que humano, y que habita en nosotros o somos,
realmente, nosotros.
Búscalo.
Búscate.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 21 de agosto de 2022
HAY QUE LLENAR LA VIDA DE VIDA (Por Emma FErnandez)
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