La
vida fraternal es una riqueza, pues cada quien con su rostro, sus ojos,
su voz, su pensamiento, aporta algo vivo, caluroso, del cual todos
pueden alimentarse. Si ustedes supieran cómo recibir estas bendiciones,
atraerían tanto amor de parte de todos que se sentirían plenos. ¿Quién
se los impide? «Pero… mi mujer o mi marido se sentirán celosos, ellos no
me permitirán recibir el amor de otra persona…». Ustedes me comprenden equivocadamente,
no se trata del amor de una mujer o de un hombre, sino del amor de
todos los seres humanos. ¿Qué puede reprochárseles allí? Ya no hay celos
que sentir, porque cada quien recibirá este amor… ¡y su mujer o su
marido también!
Pero las
personas no saben vivir: se entierran por ahí en algún lugar, en un
huequito, y creen que el asunto está resuelto. No, no saben lo que es la
verdadera vida. La verdadera vida es la vida fraternal en comunión con
todo el universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario