Sin libertad no tendríamos la posibilidad de amar. El amar es un
acto de libertad en sí mismo, es una elección, una decisión que se
reafirma y consolida en el día a día. El amor es un camino en el que la
libertad es indispensable para poder llegar a la meta.
Una de las
facultades características del ser humano es la libertad de la que goza,
el hombre por medio de su voluntad puede elegir entre una cosa u otra,
tiene la posibilidad de realizar una acción o no ejecutarla, incluso
podemos decidir el pensar de una u otra manera, el dar rienda suelta a
una idea o detenerla. Esto es uno de los diferenciadores clave que
tenemos con respecto al resto del reino animal; inclusive la voluntad es
catalogada como una de las facultades superiores del ser humano.
¿Qué necesidad tenemos de pasar nuestra vida con otra persona?,
necesidad como tal , ninguna. Es precisamente que haciendo uso de
nuestra libertad tomamos la decisión de elegir a una persona con la cual
compartir nuestra vida y emprender un proyecto en común.
No es
coincidencia que tanto en los “ritos” o fórmulas que se dictan tanto en
las celebraciones de carácter legal como de carácter religioso se
mencione y se haga hincapié en que la pareja en cuestión se encuentra
realizando este acto de manera completamente libre y sin presiones de
cualquier índole. Esto que se implementa en el momento de la boda deja
entrever uno de los requerimientos esenciales no solo del matrimonio,
sino del amor: la libertad.
La libertad es uno de los cuatro
elementos fundamentales del amor (libre, total, fiel y fecundo), de tal
manera que en un escenario donde no se cuenta con libertad difícilmente
podemos hablar de amor. Lamentablemente en muchas ocasiones nuestra
libertad se ve dañada o viciada por diversos hechos o acontecimientos
que pueden ir, por ejemplo, desde intereses económicos o sociales, hasta
miedos personales (a la soledad por mencionar alguno) o amenazas
expresas. Todo esto debe evitarse en la búsqueda de una relación de
pareja sana y emocionalmente exitosa.
En la actualidad se ha ido
tomando una percepción del matrimonio y de la vida de pareja como un
entorno donde se limita nuestra libertad, como algo que hay que buscar
evitar con la finalidad de poder desarrollarnos plenamente, pero nada
más alejado de la realidad, ya que por el contrario, nuestra libertad se
ve consumada y ejercida al continuamente sostener nuestra decisión y
elección de amar a nuestro cónyuge, este es uno de los actos más
valiosos dentro del matrimonio y que muchas veces no valoramos; elegir a
lo largo de nuestra vida el estar donándonos al otro.
La
libertad en el amor no es el vivir un libertinaje en la relación, donde
cada uno de los esposos pareciera más bien llevar una vida de soltero y
sin ningún compromiso. La auténtica libertad se ve reflejada en el
respetar y vivir las promesas nupciales que pronunciamos el día que
concluimos nuestro ciclo de noviazgo y comenzamos el reto y la aventura
de conformar un nuevo hogar. Todo esto, porque así lo hemos querido.
domingo, 28 de agosto de 2022
LIBERTAD PARA AMAR (Por Leon Wenborne)
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