El
discípulo que no confía en su Maestro, que no siente que todas las
lecciones que le da son por su bien, se cierra con esta actitud el
camino de la evolución. Por supuesto, el Maestro no lo castigará, sino
la vida; porque en el mundo espiritual existen barreras que solo es
posible franquear bajo ciertas condiciones.
El discípulo pide que se le revelen las leyes y las maravillas de las regiones superiores con las entidades
luminosas que habitan en ellas, sus funciones, su trabajo. De acuerdo,
pero ¿cómo pueden manifestarse ante él los habitantes de estas regiones
si no es digno de ello? Para ser digno, es preciso al menos haber
aceptado reconocer sus lagunas y sus defectos, a fin de corregirlos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario