“Fe, en el sentido religioso de la palabra, es un nombre provisional
que debemos usar sólo hasta que averigüemos, exactamente, cuáles son los
lazos que nos unen a Dios. Después ya no hace falta: dejará de ser Fe y
será experiencia y seguridad.”
En mi opinión, hay una gran
necesidad de Fe –y no sólo religiosa- durante el Proceso de Desarrollo
Personal, porque siempre aparecen enfrentamientos con uno mismo, sobre
todo relacionados con reproches por actos o actitudes del pasado -cuando
uno no era tan consciente como empieza a serlo ahora-, y aparecen casi
siempre momentos de decaimiento, sobre todo al principio, porque da la
sensación de que se hace un gran esfuerzo pero se adelanta poco. Parece
que no compensa tanto esfuerzo y tanto sufrimiento para lo poco que se
avanza.
Es como cuando uno empieza a “saber un poco” –de lo que
sea-, que entonces es cuando se es consciente de cuánto más no sabe. Es
eso de “Sólo sé que no sé nada”.
Cuando uno va avanzando se da
cuenta de que los asuntos personales que tiene por resolver son muchos
más de los que creía antes de empezar.
Lo bueno que tiene darse
cuenta de ello –yo es que soy muy optimista…- es que mientras más cosas
descubras que no te gustan de ti más te tienes que alegrar, porque cada
uno de esos descubrimientos te debe despertar el pensamiento vital de
que más cosas puedes mejorar de ti.
Es conveniente que aclare
cuál es el sentido que yo le doy a la Fe, porque he empezado con una
frase bonita que tal vez requiera aclaración.
Y conviene
entender también que la palabra tiene dos interpretaciones totalmente
opuestas. Para unos FE es “creer sin poder comprobar ni conocer” y para
otros FE, en cambio, es “confianza absoluta”.
Yo pensaba y sentía
la palabra Fe con la interpretación que me dio la Iglesia de ella, que
venía a ser algo así como “la creencia en algo que no se puede ver ni
tocar ni comprobar”, o sea, más o menos “creer porque sí”. O, peor aún,
“porque lo digo yo”. Un dogma.
Me hablaban de un Dios con
extremos opuestos y un carácter variable, muy cruel -como aparentaba en
el Antiguo Testamento-, o muy amoroso y grandioso -como es en el Nuevo
Testamento-.
Decían que hay que tener Fe en que Dios existe, en
que el Cielo existe, y el infierno, y en que habrá una resurrección
después del juicio final… y todo hay que creerlo ciegamente, porque
simplemente cuestionarlo expone a una excomunión, y no se puede ni
pensar en dudarlo, porque como Dios se entera de todos los pensamientos,
pues se va a enterar de las dudas y luego podrá castigar por ello, o
sea que no queda más remedio que… Fe y adelante.
La Fe, lo he
averiguado más tarde, es otra cosa totalmente distinta y mucho más
grandiosa: la Fe -míralo en el diccionario- es la SEGURIDAD de que una
cosa es cierta.
Y el sentido es totalmente distinto.
Vamos a necesitar Fe en algunos momentos –no sólo o necesariamente en
Dios, sino en la vida y en uno mismo- y lo que quiero decir es que
tenemos que estar seguros; no que tenemos que “pensar que…”, “creer
que…”, “suponer que…”, sino estar absolutamente convencidos, estar
llenos de esa seguridad que nos va a llevar adelante en lo momentos de
menos fuerza y de dudas. Continua en la 2ª parte.
miércoles, 29 de enero de 2025
LA FE EN EL DESARROLLO PERSONAL 1ª Parte (Por Emma Fernandez)
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