miércoles, 29 de enero de 2025

LA FE EN EL DESARROLLO PERSONAL 1ª Parte (Por Emma Fernandez)

 “Fe, en el sentido religioso de la palabra, es un nombre provisional que debemos usar sólo hasta que averigüemos, exactamente, cuáles son los lazos que nos unen a Dios. Después ya no hace falta: dejará de ser Fe y será experiencia y seguridad.”
En mi opinión, hay una gran necesidad de Fe –y no sólo religiosa- durante el Proceso de Desarrollo Personal, porque siempre aparecen enfrentamientos con uno mismo, sobre todo relacionados con reproches por actos o actitudes del pasado -cuando uno no era tan consciente como empieza a serlo ahora-, y aparecen casi siempre momentos de decaimiento, sobre todo al principio, porque da la sensación de que se hace un gran esfuerzo pero se adelanta poco. Parece que no compensa tanto esfuerzo y tanto sufrimiento para lo poco que se avanza.
Es como cuando uno empieza a “saber un poco” –de lo que sea-, que entonces es cuando se es consciente de cuánto más no sabe. Es eso de “Sólo sé que no sé nada”.
Cuando uno va avanzando se da cuenta de que los asuntos personales que tiene por resolver son muchos más de los que creía antes de empezar.
Lo bueno que tiene darse cuenta de ello –yo es que soy muy optimista…- es que mientras más cosas descubras que no te gustan de ti más te tienes que alegrar, porque cada uno de esos descubrimientos te debe despertar el pensamiento vital de que más cosas puedes mejorar de ti.
Es conveniente que aclare cuál es el sentido que yo le doy a la Fe, porque he empezado con una frase bonita que tal vez requiera aclaración.
Y conviene entender también que la palabra tiene dos interpretaciones totalmente opuestas. Para unos FE es “creer sin poder comprobar ni conocer” y para otros FE, en cambio, es “confianza absoluta”.
Yo pensaba y sentía la palabra Fe con la interpretación que me dio la Iglesia de ella, que venía a ser algo así como “la creencia en algo que no se puede ver ni tocar ni comprobar”, o sea, más o menos “creer porque sí”. O, peor aún, “porque lo digo yo”. Un dogma.
Me hablaban de un Dios con extremos opuestos y un carácter variable, muy cruel -como aparentaba en el Antiguo Testamento-, o muy amoroso y grandioso -como es en el Nuevo Testamento-.
Decían que hay que tener Fe en que Dios existe, en que el Cielo existe, y el infierno, y en que habrá una resurrección después del juicio final… y todo hay que creerlo ciegamente, porque simplemente cuestionarlo expone a una excomunión, y no se puede ni pensar en dudarlo, porque como Dios se entera de todos los pensamientos, pues se va a enterar de las dudas y luego podrá castigar por ello, o sea que no queda más remedio que… Fe y adelante.
La Fe, lo he averiguado más tarde, es otra cosa totalmente distinta y mucho más grandiosa: la Fe -míralo en el diccionario- es la SEGURIDAD de que una cosa es cierta.
Y el sentido es totalmente distinto.
Vamos a necesitar Fe en algunos momentos –no sólo o necesariamente en Dios, sino en la vida y en uno mismo- y lo que quiero decir es que tenemos que estar seguros; no que tenemos que “pensar que…”, “creer que…”, “suponer que…”, sino estar absolutamente convencidos, estar llenos de esa seguridad que nos va a llevar adelante en lo momentos de menos fuerza y de dudas.  Continua en la 2ª parte.

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