Hola gentes, hace un rato se me ocurrieron unas ideas y mientras desayunaba le he ido dando forma y creo que pueden resultar interesantes, de modo que me apetece publicarlas y allá voy.
Lo
voy a titular, “la filosofía del vestir”, porque aunque en el fondo nos
vamos a referir a otra cosa, vamos a utilizar la cuestión del vestir a
modo de símil comparativo.
Al
levantarnos por la mañana, después de visitar el baño, quitarnos las
legañas y algunos de nosotr@s pasar por la sección de pintura y
decoración y otros detalles, vestimos nuestro cuerpo, y lo hacemos de
acorde con el lugar y actividad que vamos a realizar, siempre que
nuestras posibilidades lo permitan, porque cuando yo era pequeño,
vestíamos casi siempre igual porque no había otra cosa, pero la cuestión
es que si vamos a ir a la montaña, nos vestiremos de forma diferente
que si vamos a la oficina, y si está lloviendo o hace mucho frío,
distinto de si hace calor, etc.
La cuestión es que vestimos nuestro cuerpo casi siempre después de pasar a la posición vertical, e incluso horizontal.
Pero nosotros no solo somos “cuerpo”, somos personas, y eso incluye nuestra psiquis, personalidad, alma, espíritu y alguna cosilla más, y ahora pregunto yo: ¿Nos preocupamos de vestir a nuestra alma y demás?. Yo creo que eso suena a disparate o incoherente, y por otro lado no sabríamos como hacerlo porque las modas no incluyen modelos para las almas ni espíritus ni nada por el estilo, ¡No sabríamos que ponernos!!Que fatalidad!.
Pues al respecto se me ha ocurrido una idea que creo que puede sernos de ayuda aunque no lo contemplamos, sí que vestimos a nuestra alma y demás, pero en algunos casos con un atuendo poco apropiado, y se trata que siempre que nos levantemos por la mañana, hemos de coger la mochila en la que guardamos las sonrisas, la alegría, la confianza, y sobre todo, el reconocimiento de que toda persona, animal, y resto de formas que manifiestan vida, son compañeros de viaje, son la prolongación de nosotros mismos, y procurar en lo posible no coger la otra mochila en la que guardamos lo peor de nosotros mismos.
Ocurre a veces que nos tropezamos en la escalera, o en la calle, en el trabajo, etc., con personas que parece que han desayunado un kilo de limones con vinagre, cada vez que abren la boca, les sale una cagada o algo parecido, y esto ocurre porque no han cuidado el detalle de vestir a su alma con un atuendo adecuado y conveniente.
Lo mismo que elegimos con qué cubrimos nuestro cuerpo, tengamos un buen detalle con nuestra alma y resto anímico, y elijamos la mochila en la que portamos nuestras virtudes y la fragancia del cariño, el amor y alguna cosilla más por el estilo, de seguro que al término del día nuestra obra será más brillante, más hermosa, y nuestro prójimo y el mundo entero nos lo agradecerá.
Y esta era la idea. ¿Qué te ha parecido?. Pues mañana más, pasadlo bien y no os equivoquéis de mochila.
No hay comentarios:
Publicar un comentario