Viene
de la 1ª parte. Este proceso se puede representar gráficamente
así: que son los sentimientos - 1Hasta aquí, la idea es fácil. El
problema es que nosotros tenemos dos tipos de sentimientos: los
sentimientos “positivos”, que son los que nos hacen sentir bien, y los
“negativos”, que son los que nos hacen sentir mal. Los sentimientos
positivos son la felicidad, la alegría, la amistad, la esperanza…, y los
negativos son el odio, la rabia, el miedo, la inseguridad, la
frustración…
Las
palabras “positivos” y “negativos” no quieren decir que unos sean
buenos y otros malos, sino simplemente que unos van a favor de la vida,
en el sentido de que nos animan a seguir adelante y ser felices, y los
otros en contra, porque nos desaniman y nos limitan.
Teniendo
en cuenta esto, queda claro que no basta con comunicarnos con nuestros
sentimientos, tenemos que comunicarnos con la parte positiva de nuestros
sentimientos. Debemos comunicarnos con la parte de nosotros que conoce
el camino del bienestar.
Si hacemos esta distinción entre los dos tipos de sentimientos, entonces el proceso de comunicación queda así:
Creamos la frase que describe nuestra duda.
La pregunta viaja hasta los sentimientos.
Normalment los sentimientos positivos responden primero. Dado que
viene de los sentimientos positivos, esta respuesta inicial siempre está
llena de paz y amor.
La respuesta llega a la mente.
La mente crea una frase que describe la respuesta. Podemos llamarla
la “respuesta positiva”, porque viene de los sentimientos positivos.
A veces, pero no siempre, los sentimientos negativos (miedo, dudas,
inseguridad, rabia,…) ven esta respuesta positiva y no les gusta, y
crean otra respuesta diferente.
Esta segunda respuesta llega hasta la mente, que crea una frase para
expresarla en palabras. Podemos llamarla la “respuesta negativa”,
porque viene del miedo y las dudas. Por ejemplo, tal vez la respuesta
positiva era “deja el trabajo y monta un negocio”, y la respuesta
negativa es “no, seguro que no funciona y te arruinas, mejor quédate
donde estás”.
De forma gráfica, este proceso sería así:
qué
son los sentimientos - 2 Si miramos este dibujo, ya podemos responder a
la pregunta que nos planteábamos antes: ¿cómo podemos saber si una
respuesta viene de la mente o de los sentimientos? Pues muy fácil, las
respuestas siempre vienen de los sentimientos.
La
mente tiene muy claro cuál es su papel y nunca crea nada por sí sola.
Siempre crea como respuesta a un sentimiento. Lo que pasa es que, como
normalmente no prestamos mucha atención a cómo nos sentimos, a veces
parece que la respuesta venga directamente de la mente. Pero si nos
fijamos bien, veremos que detrás siempre hay un sentimiento. Es el miedo
el que hace que aparezcan ideas “negativas” dentro de nuestra cabeza.
Lo único que hace la mente es dar forma a este miedo y expresarlo con
palabras.
Así
pues, no se trata de distinguir si una respuesta viene de la mente o de
los sentimientos, sino de si viene de los sentimientos positivos o los
negativos. Debemos distinguir si la respuesta viene del amor o del
miedo.
(Hay
que puntualizar que, como te comentaba antes, en el fondo todo es una
unidad, así que no hay una frontera clara que separe los sentimientos de
la mente. Así pues, esta explicación no es una verdad absoluta, sino
una aproximación simplificada de lo que sucede en realidad.)
Cómo Comunicarnos Correctamente con Nuestros Sentimientos
El
procedimiento que muestra la figura anterior es el más habitual.
Normalmente, los sentimientos positivos responden primero y los
negativos lo hacen después.
Esto
hace que haya dos dificultades principales a la hora de conocer la
respuesta positiva. Por un lado, dado que la respuesta negativa
normalmente llega la última, tiene más posibilidades de quedarse como
respuesta definitiva si no vigilamos un poco. Y por otro, si la
respuesta negativa es muy rápida, puede que ni siquiera lleguemos a ver
la respuesta positiva.
Un
pequeño método que puedes usar para intentar evitar estos dos problemas
es el siguiente. Cuando tengas una duda que quieras resolver, en primer
lugar haz un par de respiraciones profundas para relajarte, y después
céntrate en cómo te sientes. Recuerda que los sentimientos se
manifiestan en el cuerpo, así que toma tanta conciencia como puedas de
tu cuerpo.
Una
vez hecho esto, pon tu atención en la parte positiva de tus
sentimientos. Fíjate en tus ganas de vivir y de ser feliz, y céntrate en
ellas. La idea es que te prepares para recibir una respuesta de la
parte positiva de tus sentimientos, y no de la negativa. Si quieres,
incluso puedes verbalizarlo de alguna manera. Por ejemplo: “quiero
conectar con mi amor y mi alegría, y recibir claramente su respuesta.”
Cuando
te sientas preparado, formula tu pregunta. Aquí entra en juego la
mente, pero sólo para crear la frase que expresa tu pregunta. No le
pongas más atención de la que necesita.
Una
vez la pregunta esté hecha, vuelve a centrarte en cómo te sientes. Si
eres capaz de entender la respuesta sin necesidad de palabras, mejor que
mejor. Si no, fíjate también en la mente para ver qué respuesta
aparece.
Aquí
es importante estar muy atento para ver claramente la primera respuesta
que aparezca en tu mente. Si es una respuesta llena de paz y amor, es
la respuesta de tus sentimientos positivos. Apúntala rápidamente y no la
dejes ir.
Si,
por el contrario, es una respuesta marcada por el miedo, significa que
los sentimientos negativos han sido muy rápidos y no han dado tiempo
para que aparezca la respuesta positiva. En este caso, se trata
simplemente de tener un poco de paciencia e ir practicando. Como todo,
al principio cuesta un poco, pero con el tiempo se va mejorando.
No Tengas Miedo de Escuchar a Tus sentimientos
Un
punto importante en la comunicación con los sentimientos es tener claro
que no es obligatorio seguir lo que dicen los sentimientos positivos.
Tú eres completamente libre, y puedes hacer lo que quieras.
Lo
digo porque a veces tenemos miedo de consultarlos por si lo que dicen
implica un cambio muy grande en nuestra vida; y no tiene porque así.
Puede ser, por ejemplo, que los sentimientos positivos te digan que
pongas en marcha un determinado proyecto, y que a ti te parezca muy
difícil. Pues si no quieres, no lo haces, y ya está.
Lo
que sí es importante es por lo menos conocer la respuesta de los
sentimientos positivos. Una vez la sabes, puedes decidir si lo haces o
no, pero si no la sabes no puedes elegir. Además, a veces las cosas
necesitan un proceso de maduración, y quizás ahora no te ves con fuerzas
de hacerlo, pero quizás dentro de un tiempo sí.
Y
tampoco hay que olvidar que los sentimientos positivos están llenos de
amor, paz y alegría. Y esto, aunque a veces pueda asustar un poco, en el
fondo no te puede hacer ningún daño. De hecho, es la falta de amor lo
que causa dolor.
Así
que no tengas miedo de escuchar a tus sentimientos, aunque sea poco a
poco. No te obligan a hacer nada, simplemente te están indicando el
camino de la felicidad para cuando tengas ganas de ponerte a caminar.
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