Ser
resilientes no significa que somos personas inmunes o invulnerables,
significa que somos capaces de superar mejor los golpes e incluso
usarlos para crecer. La resiliencia no nos evita el sufrimiento y el
dolor. Los problemas, las pérdidas o las enfermedades suelen generar un
profundo malestar en todos. Sin embargo, nos asegura la supervivencia en
tiempos difíciles porque alimenta nuestra autoconfianza y nos ayuda a
recomponer nuestros pedacitos rotos para poder seguir adelante.
Dicho
en palabras más sencillas, la resiliencia es esa capacidad humana
natural de navegar bien por la vida. Es algo que todo ser humano tiene:
sabiduría y sentido común. Significa saber cómo piensas, quién eres
espiritualmente, de dónde vienes y hacia dónde vas. Es comprender
nuestro mundo interior para encontrar un sentido de dirección.
En el camino a la resiliencia:
•Establece relaciones. Es muy importante establecer buenas relaciones con familiares, amistades y otras personas relevantes.
•Acepta
que el cambio es parte de la vida. La vida es dinámica. Los cambios
están presentes constantemente. Por lo tanto, aceptar las circunstancias
que no se pueden cambiar puede ayudarte a centrarte en las que sí se
pueden cambiar. Así es más fácil evitar la frustración, la desesperanza y
el sentimiento de fracaso.
•Muévete
hacia tus metas. Haz algo regularmente para estar más cerca de tus
objetivos, en vez de enfocarte en tareas que no son realizables o te
alejan del camino, esto puede ayudarte a conseguir tus metas y así, a
desarrollar mayor resiliencia.
•Cuídate. Presta atención a tus necesidades y deseos, ya que es fundamental para conseguir un estado de bienestar.
•Mantén
la perspectiva. Considera la situación en un contexto más amplio, en
otras palabras, evita considerar el evento más grande de lo que en
realidad es.
Si hoy estás enfrentando una situación difícil, te envío toda la buena energía que puedas necesitar. 
.
¡Ánimo y sigamos adelante!
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