De la relación que tenemos con nuestras emociones depende nuestro
bienestar. Alimentadas por pensamientos recurrentes y compulsivos nos
pueden hacer mucho daño.
La práctica de la meditación permite
observar las emociones como objetos transitorios. Te facilita el
observarlas como un espectador que contempla su propio espectáculo
emocional.
La consecuencia es una
desidentificación, y el reconocimiento de una consciencia testigo, que
contempla los procesos mentales/emocionales como eventos pasajeros.
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