Juzgar a alguien es como mirarse en un espejo distorsionado. Creemos que estamos describiendo a la otra persona, pero en realidad solo revelamos lo que llevamos dentro.
Las palabras que usamos para señalar a los demás hablan más de nuestra historia que de la suya. La arrogancia muestra inseguridad, la crítica excesiva revela insatisfacción y el desprecio esconde miedo. Cuando condenamos a alguien sin conocerlo, no estamos describiendo su esencia, sino proyectando nuestras propias sombras.
Cada juicio es un reflejo de lo que hemos vivido, de lo que tememos y de lo que aún no hemos comprendido. En lugar de señalar, observemos. En lugar de atacar, entendamos. Y en lugar de definir a otros, cuestionemos lo que nuestras palabras dicen sobre nosotros mismos.
José Carlos Toledo
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