“Me encanta la idea de que el corazón sana cuando comprende,
no cuando olvida.
Es tan fácil querer huir de nuestro dolor,
de nuestras decepciones, de nuestros adioses.
Pero olvidar no es la solución.
Es como intentar tapar el sol con la mano.
El dolor sigue ahí, latente,y puede resurgir en cualquier momento.
El verdadero camino a la sanación es la comprensión.
Es aceptar el dolor, mirarlo a la cara, entender sus causas
y sus consecuencias, y permitirnos sentirlo sin juicio.
Es un proceso que requiere tiempo, paciencia y autocompasión.
Es como dar una caricia a nuestra propia alma, reconfortándola, diciéndole que está bien sentir lo que siente, que no está sola.
Y al final del camino, no morimos.
Renacemos.
Más fuertes, más sabios, más resilientes.
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