No expongas tu vida a los demás.
La envidia surge de aquellos que han entrado en tu hogar y han visto lo que posees. Nadie puede robarte, excepto quienes conocen los detalles más íntimos de tu vida. Del mismo modo, nadie puede sabotear tus proyectos a menos que les hayas confiado tus secretos. Recuerda que tu secreto es tu prisionero; una vez que lo compartes, tú te conviertes en su prisionero.
Hay personas que intentan derribarte bajo la excusa de ofrecerte consejos, pero sus palabras pueden estar cargadas de envidia. Nadie puede conspirar contra tu familia a menos que tenga acceso frecuente a tu hogar. Solo quienes se han acercado a ti conocen tus debilidades.
Todos tenemos a alguien a quien apreciamos, así que no esperes que los demás guarden tus secretos si tú mismo no eres capaz de hacerlo. No estoy sugiriendo que cortes lazos con la gente, ¡para nada! Pero es fundamental establecer límites y asegurarte de que no se crucen. No expongas tu vida a nadie, ya que las personas pueden cambiar de un momento a otro.
Aquellos que alguna vez estuvieron más cerca de tu corazón pueden convertirse en quienes más temes, porque les has confiado tus secretos, tus debilidades e incluso a ti mismo. Guarda tus secretos como si fueran tus prisioneros. Mantén tu hogar privado y no permitas que cualquiera se mezcle con tu familia, sin importar cuán cercanos parezcan.
No reveles tus asuntos personales a nadie. No busques consejo si confías en tu propio éxito. No permitas que la alegría te lleve a regalar todo lo que tienes, ni que la tristeza te impulse a desnudarte emocionalmente. Controla tus palabras en momentos de ira, modera tu generosidad en tiempos de alegría, y piensa en el futuro mientras te rodeas de quienes realmente te apoyan.
Este es solo un consejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario