Nadie tiene el poder de hacerte daño, excepto tú.
Dejemos
de convertir en villanos a aquellos que decidieron no amarnos, el hecho
de que no fueran capaces de encontrar tu belleza, no los hace malos.
Dejemos
de utilizar a la gente para lastimarnos, ellos son libres de actuar
como les plazca, pero tú eres responsable de utilizar sus obras como
cuchillos o como peldaños.
Debemos
ser libres de actuar sin temor a herir susceptibilidades, y ser capaces
de perdonar y entender que todos estamos aquí en constante aprendizaje.
La
gente se va a equivocar por que es su naturaleza, te va a mentir, te va
a fallar y eso no sólo está bien, sino que es necesario; desarrollará
tu sensibilidad, potenciará tus capacidades, despertará tus sueños,
ahuyentará tus miedos.
Déjalos
que pasen por tu vida, deja que sean, que se muestren o se escondan,
que griten, que azoten la puerta al partir, déjalos que mientan, que
jueguen, que pretendan.
Aprende
a observar, estúdialos, descúbrelos, conquístalos, ámalos, perdónalos y
deja que sigan fluyendo en este río inmenso de seres que van y vienen.
No señales, no juzgues, ama y sigue.
No
te aferres a nada ni a nadie, aprende a soltar, a disfrutar el momento
en el que coincidan en tu espacio y en tu tiempo, no esperes que sean
buenos, no esperes que sean sabios, no esperes que sean rectos, en
general, ¡NO ESPERES!
Toma lo bueno, deja que todo tome su lugar, deja también que todo se hunda, al final lo que flota, va a flotar.
Lo
que es tuyo, lo que te corresponde, lo que está en éste universo para
ser de ti, llegará sin que te pierdas y se quedará sin que le forces,
será en su tiempo, será en su hora y será perfecto.
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