La
pequeña nave, de tonalidad azulada y apariencia discoidal, se detuvo a
unos 10.000 kilómetros de la Tierra. En su interior, dos seres
procedentes de una galaxia muy lejana mantenían una conversación mental
que podría transcribirse del siguiente modo:
—Hemos
llegado. Este es el planeta del que te hablé. Sus habitantes lo llaman
"Tierra", y actualmente se encuentra en un punto clave de su proceso
evolutivo.
—¿A qué te refieres con "punto clave"?
—A
que el planeta y todas sus formas de vida se encuentran inmersos en un
experimento de elevación de conciencia masivo. Si todo marcha según lo
esperado por los consejos locales de la galaxia, esa bella esfera azul
que tienes ante tus ojos pasará de ser un lugar de aprendizaje a través
del sufrimiento a un lugar de conciencia y belleza sin igual.
—Suena muy interesante... ¿Y cuánto durará esa transición?
—Todo
dependerá del amplio conjunto de formas de vida que residen en el
planeta, y principalmente de los humanos. Si estos se comprometen
verdaderamente con el cambio y deciden creer y crear ese nuevo mundo,
las cosas podrían mejorar bastante en unas cuantas décadas, según el
cómputo de "tiempo" terrestre. Por el contrario, si el ser humano
persiste en sus errores y continúa resistiéndose al cambio y asumiendo
el papel de víctima en lugar de tomar las riendas de su destino, esa
nueva Tierra podría hacerse esperar un poco más.
—¿De modo que ese cambio de conciencia masivo es inevitable?
—Así
es. Se trata de una cuestión de "tiempo" terrestre. Cuantas más
personas se unan al cambio y se comprometan con el despertar y con sus
misiones de vida, más se acelerará el proceso.
—¿Y por qué les cuesta tanto abandonar lo que ya no les sirve y crear aquello que en el fondo tanto anhelan?
—Porque
llevan milenios actuando de la misma manera y se encuentran anclados en
costumbres, tradiciones y modos de entender la vida basados en la
competitividad, la violencia y la falta de respeto hacia sus semejantes.
Lamentablemente, ya casi no recuerdan que en otros tiempos las cosas
fueron muy diferentes y que la mayor parte de la población vivía en paz y
armonía con su entorno y con el resto del Universo. En realidad todos
ellos, en el fondo de sus corazones, desean un mundo mejor, pero llevan
tanto "tiempo" pensando en negativo que les cuesta lo indecible dar el
paso y abrirse de lleno a la nueva conciencia.
—Desde
luego parece un gran reto... Supongo que tendrán algún tipo de ayuda a
la hora de llevar a cabo tan enorme metamorfosis, ¿me equivoco?
—Por
supuesto que la tienen, aunque, de momento, gran parte de la humanidad
apenas es consciente de ello. Desde hace unas décadas, y con el fin de
apoyar este proceso, están encarnando en el planeta un grupo de almas
acostumbradas a vivir en sistemas y dimensiones de luz y sabiduría. En
la Tierra se las conoce con la etiqueta de "semillas estelares", y en su
gran mayoría tienen la misión de "despertar" dentro del sistema de
violencia terrestre y tomar conciencia de lo que ocurre para,
posteriormente, comenzar a ser "ellas mismas" y hacer lo que su corazón
les dicte. Cada una de ellas tiene un cometido diferente, aunque su
objetivo final es siempre el mismo: introducir pacíficamente una nueva
conciencia y una nueva forma de entender la vida. Mostrar al resto de
seres de la Tierra que las cosas se pueden hacer de otra manera y que el
Universo es VIDA y AMOR, con mayúsculas. Gracias a la presencia de
estas almas, los humanos terrestres van a comenzar a pensar por sí
mismos y a considerar seriamente la posibilidad de vivir una existencia
basada en la conciencia de unidad y no en el miedo y la separación.
Realmente es algo que ya está empezando a ocurrir. De este modo, con el
paso de los años, se producirá una maravillosa simbiosis entre estas
semillas estelares y las personas que llevan milenios encarnando en el
planeta y hasta ahora no han podido ver con claridad.
—¿Qué quieres decir con "simbiosis"?
—Muy
sencillo: llegará un momento en que no se apreciarán diferencias
importantes entre un grupo y otro, ya que el crecimiento en conciencia
habrá alcanzado tal magnitud que prácticamente TODOS los seres del
planeta vivirán en paz y armonía, siendo conscientes de que la
separación no existe y de que la vida es sinónimo de celebración y
alegría, no un caos sin sentido repleto de sinsabores. Para ese
entonces, la Tierra volverá a tener contactos abiertos con otras
civilizaciones hermanas de la galaxia, tal y como sucedió en otras
épocas. Cualquiera de sus habitantes tendrá total libertad para
abandonar su planeta y visitar otros lugares del Universo.
—Entonces,
cuando la Tierra alcance ese nivel de conciencia, ¿qué ocurrirá con
esas semillas estelares? ¿Seguirán encarnando en el planeta?
—Serán
ellas las que decidan según sus planes álmicos. Algunas se quedarán
durante una temporada más para disfrutar de esa nueva Tierra, mientras
que otras regresarán a sus planetas o naves de origen para volver a
reunirse con sus familias estelares y almas afines.
—Qué
emocionantes deben de ser esos reencuentros... Por cierto, ¿puedes
explicarme por qué hay tantas naves y puntos de luz alrededor del
planeta? Veo que no somos los únicos que observamos...
—Como
te decía anteriormente, la Tierra tiene muchísima ayuda en este
proceso, y no solo de las almas que han encarnado en la superficie para
apoyar la transición "desde dentro", sino también de muchos otros seres
que tienen vínculos especiales con la Tierra o son familia álmica de las
semillas estelares y ejercen como guías espirituales de estas. Cada uno
de ellos aporta su pequeño grano de arena para que el planeta termine
siendo un lugar mejor y asuma conscientemente el lugar que le
corresponde en la vasta comunidad de civilizaciones galácticas.
—A mí también me encantaría ayudar a la Tierra... ¿Hay algún modo de hacerlo?
—Ayudar
siempre es posible, aunque no está permitida la participación directa
de cualquiera, es decir, nosotros no nos podemos dar a conocer ni
podemos ser vistos por ningún ser humano a menos que se nos conceda un
permiso especial. Este lugar tiene reglas muy estrictas que no podemos
quebrantar, pero no te desanimes: ayudaremos de un modo diferente que sí
será bienvenido...
Acto
seguido, un haz de energía lumínica invisible surgió de la parte
inferior de la nave y se proyectó hacia el centro mismo del planeta,
inundándolo de armoniosas vibraciones que a la larga repercutirían muy
positivamente en el nivel de conciencia de sus habitantes. Instantes
después, el alma de la Tierra comenzó a emitir destellos de múltiples
colores como muestra de sincero agradecimiento.
Felices
y satisfechos, los dos seres sonrieron, activaron una serie de comandos
en las pantallas de supervisión de su avanzado vehículo estelar y se
dispusieron a continuar su viaje de exploración a través del Cosmos.
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Javier López Alhambra
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