Creemos
que amamos, pero enjaulamos. Nos enjaulamos en y con el otro. Y creemos
que eso es felicidad... Hasta que la ilusión termina y los barrotes
empiezan a hacerse visibles... Y aparecen los "para siempre", los "eres
mí@ y de nadie más", los "satisfáceme o serás culpable", los "solo puedo
ser feliz si te tengo cerca"... Al principio no eran apreciables, pero
siempre habían estado ahí. Ocultos y melancólicos, como representantes
de un supuesto "amor"...
Basta.
Mira primero hacia ti y observa si amas realmente. Si te amas. Si tu
vacío sigue huérfano de tu atención... Porque es ahí donde está el quid.
No en tu pareja, ni en tus padres, ni en tus hijos, ni en cualquier
otra persona. Enfréntate al pavor de mirarte de cerca. Porque de ahí, de
ese interior abandonado, malherido y aún no perdonado, es de donde
obtendrás y surgirá el verdadero amor. La verdadera satisfacción. La paz
absoluta. Sin necesidad (aunque a tu ego aún le duela) de otra persona
que te salve.
Javier López Alhambra
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